Un accidente en Yerba Buena destapó una red de drogas valuada en $60 millones: hay dos detenidos

La causa judicial que investiga una supuesta red de comercialización de drogas sintéticas en Tucumán sumó nuevas pistas que podrían extender su alcance. El caso comenzó tras un choque en Yerba Buena en abril, que terminó con la aprehensión de Enrique Sánchez Loria, de 36 años. Los agentes secuestraron éxtasis, ketamina y LSD por un valor estimado en al menos $60 millones y ahora examinan evidencias que apuntan a una posible fabricación de las sustancias.

El expediente se abrió el 10 de abril, cuando Sánchez Loria chocó en la avenida Aconquija, en Yerba Buena. Mientras recibía asistencia de la policía, los oficiales hallaron en una mochila que llevaba cinco tubos con una sustancia sospechosa.

Los análisis de la Dirección General de Drogas Peligrosas confirmaron que el material era droga sintética, lo que dio inicio a una indagación más profunda.

Desde ese momento, un equipo liderado por los oficiales Diego Rojas y Carla Lazarte inició tareas de investigación para seguir los pasos del sospechoso.

Vigilancias, seguimientos y compradores bajo la lupa

Los pesquisas determinaron que Sánchez Loria vivía en un departamento de calle Jujuy al 200, en la capital tucumana. Con seguimientos y vigilancias, detectaron movimientos compatibles con la venta de estupefacientes.

Según informó la auxiliar fiscal Elina González durante la audiencia de formulación de cargos, las pesquisas permitieron individualizar a potenciales compradores del ambiente de las fiestas electrónicas y con alto poder adquisitivo.

La funcionaria también mencionó que varios vecinos del edificio se negaron a declarar por miedo al acusado, a quien consideraban peligroso.

El allanamiento que reveló una operación millonaria

Con los elementos reunidos, el fiscal José Sanjuán solicitó una orden de allanamiento que autorizó la jueza Ana María Iácono.

Antes de ingresar, los investigadores vieron a un hombre identificado como Nicolás Avellaneda entrar y salir del edificio en pocos minutos. Al ser interceptado, le encontraron una sustancia con datos que incluían un nombre, una dirección de entrega y $34.000, que presuntamente correspondían a una compra.

Durante el procedimiento, los efectivos incautaron 458 pastillas de éxtasis, más de 600 tubos Eppendorf para fraccionamiento, cinco frascos de ketamina líquida y 29 troqueles de LSD.

Además, secuestraron $5 millones en efectivo, U$S700 y cuatro reales.

La modalidad que llamó la atención de los investigadores

Uno de los hallazgos que más sorprendió a los investigadores fue la organización de las entregas.

Según la Fiscalía, varias bolsas con distintas cantidades de éxtasis estaban identificadas con nombres de supuestos compradores y otros datos, como domicilios o teléfonos.

Esta modalidad es considerada poco habitual en este tipo de ilícitos y refuerza la hipótesis de un sistema organizado de reparto o retiro de mercadería previamente coordinado.

Los investigadores también evalúan si las lesiones de Sánchez Loria por el accidente pudieron haber alterado temporalmente ese mecanismo de distribución.

La situación judicial de los acusados

La audiencia estuvo marcada por los planteos de las defensas, que cuestionaron la legalidad del origen de la investigación. Los abogados Jorge Montalván Rentería y Maximiliano Mavsovich sostuvieron que la mochila del principal acusado fue revisada sin orden judicial.

Avellaneda declaró que es consumidor y negó participar en la venta. Sánchez Loria optó por no declarar sobre los cargos, aunque insistió en desvincular a su consorte de causa y reiteró que la mochila fue inspeccionada sin su consentimiento.

Finalmente, el juez Guillermo Taylor rechazó los planteos de nulidad y dictó medidas cautelares para ambos imputados. Avellaneda permanecerá detenido 15 días, mientras que Sánchez Loria continuará privado de la libertad por 120 días.

La investigación sigue abierta y los nuevos indicios incorporados al expediente podrían derivar en nuevas medidas dentro de una causa que ya despertó fuerte interés por la magnitud del material secuestrado y la sospecha de una eventual producción local de drogas sintéticas.

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