La medición oficial de precios que difundirá este martes el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) reaviva una discusión recurrente: ¿cuánto se ajusta ese número a la realidad que enfrentan los argentinos día a día? Para el economista Pablo Pero, el índice «sigue siendo una herramienta válida», aunque admite que existe una brecha con la percepción en la calle.
«El dato que se publica hoy es útil, sin duda. Es probable que la inflación real sea algo más elevada, pero estimo que el indicador oficial refleja un 90% de la situación», comentó el analista, añadiendo que parte de la controversia se origina en la demora para implementar una nueva canasta de consumo, cuya elaboración lleva más de un año.
Pero detalló que la inflación se calcula sobre la base de una canasta promedio de bienes y servicios, cuyos precios se monitorean; el inconveniente es que la canasta vigente a nivel nacional data de hace casi dos décadas.
«El propio Indec había señalado que esa canasta estaba desactualizada y que era necesario renovarla. Hoy, los servicios tienen un peso mucho mayor en el presupuesto familiar, especialmente por la reducción de subsidios y el encarecimiento de la energía y los servicios públicos», expresó el especialista.
La nueva estructura de consumo, ya consensuada a nivel técnico, habría arrojado un índice levemente superior -aproximadamente un 0,1% más cada mes-, una diferencia que, según Pero, la administración actual optó por eludir para evitar «ruidos políticos».
«Varias consultoras privadas llevan meses midiendo con ambos índices y la disparidad es mínima. El indicador de fondo es casi idéntico, pero el Gobierno decidió mantener la metodología antigua», afirmó.
Bienes contenidos, servicios a la suba
Un eje clave del análisis es la divergencia entre la evolución de los precios de los bienes y los de los servicios. «La inflación en bienes se encuentra prácticamente estancada desde hace varios meses. Lo que continúa incrementándose son los servicios», sostuvo. Dentro de este rubro, diferenció dos grandes segmentos: los servicios públicos -luz, gas, agua- y aquellos que demandan mucha mano de obra, como educación, salud o actividades profesionales.
«Los salarios habían sufrido una fuerte caída y ahora existe un intento de recomposición. Eso presiona los precios de los servicios. En contraste, no se pueden importar trabajadores a bajo costo, como sí se puede hacer con una computadora, un celular o indumentaria, lo que contribuye a contener los valores de los bienes», explicó.
En ese sentido, remarcó que la nueva canasta iba a captar mejor esta realidad, acercándose al esquema utilizado en la Ciudad de Buenos Aires, donde los servicios tienen una ponderación mayor. «La canasta nacional tiene cerca de un 65% de bienes y un 35% de servicios. En la Ciudad es al revés. Por eso la inflación porteña suele ser un poco más alta que la nacional».

INFLACIÓN. FOTO TOMADA DE CHEQUEADO.COM
La inflación que escapa a las estadísticas
El economista también reconoció la existencia de una inflación cotidiana que muchos ciudadanos perciben y que genera escepticismo sobre los índices oficiales, sobre todo en sectores informales. «La cochera, la cuota del gimnasio, el profesor particular, la clase de idiomas, el club. Son incrementos menores, de $5.000 o $10.000, pero constantes, y frecuentemente no quedan registrados porque son transacciones en negro», señaló.
No obstante, aclaró que esos ajustes suelen responder a la inercia inflacionaria previa. «En cocheras y alquileres todavía pesa el arrastre de meses anteriores. Se ajusta por lo que subió el índice en los últimos seis meses, cuando la inflación era más elevada. Por eso todavía se siente».
Tendencia y credibilidad
De cara al futuro, el economista se mostró cautelosamente optimista. Recordó que 2025 finalizó con una inflación del 31% y que, si bien el Gobierno proyecta un 10% para 2026, las expectativas del mercado se ubican cerca del 20%.
«Incluso quienes desconfían del Gobierno admiten que la tendencia desinflacionaria se mantiene. No es un proceso mágico ni lineal: baja, repunta algunos meses y vuelve a descender», sostuvo.
Sin embargo, advirtió que postergar la actualización del índice puede erosionar la confianza.
«A corto plazo no le fue mal al Gobierno, el mercado no castigó los bonos. Pero a largo plazo, cualquier sospecha de manipulación o de alejarse de la realidad perjudica la seguridad jurídica y las ganas de invertir», afirmó.
Para Pero, el desafío central ya no gira exclusivamente en torno a la inflación. «Hoy el problema es si hay trabajo, si el salario alcanza, si la economía se reactiva. Ser transparente con los datos y no negar la realidad ayuda mucho más a generar confianza que maquillar un indicador», concluyó.
