Hay instantes en la existencia donde el sistema de navegación personal se ve obligado a trazar una nueva ruta de manera forzosa. Puede ocurrir mientras uno atraviesa la plaza Independencia camino a la facultad, o a más de 12.000 kilómetros del hogar, rodeado de canguros y con el océano como telón de fondo. Exactamente esto último fue lo que experimentó Agostina Ferroni, una escritora tucumana que un día resolvió hacer las maletas, poner en pausa lo que la sociedad esperaba de ella y terminó descubriendo su auténtica identidad a través de la poesía en la lejana Australia.
Hoy, con dos obras publicadas por la reconocida editorial española Valparaíso Ediciones (Lugares a donde no puedo volver y Todas las personas que fui), Agostina dialoga sobre el vértigo de modificar el rumbo, el peso de las aspiraciones familiares y el orgullo de llevar la sensibilidad tucumana por el mundo.
El plan alternativo que no prosperó y el resurgir en Oceanía
Al igual que tantos jóvenes de la provincia, la presión familiar empujó a Agostina hacia una carrera convencional. Psicología siempre fue una opción secundaria. Su primera elección era escribir, admite con una franqueza que descoloca. Sus padres, desde el cariño y el anhelo de un porvenir seguro, le exigían una profesión con salida laboral. Ella acató: llegó hasta tercer año, pero el cuerpo y el espíritu dijeron basta. Abandonó las aulas, aunque la culpa la acompañó: partió a Australia con los apuntes en la valija, jurando rendir las materias libres de forma virtual. Eso nunca ocurrió.
En Australia descubrí quién soy en realidad, y eso no estaba vinculado con la Psicología. Fue un renacimiento. De no haber estado allí, mis libros hoy no existirían, afirma con seguridad.
Del currículum postergado al éxito en el mundo editorial
La experiencia del Working Holiday tiene mucho de mística, pero también un gran desgaste. Entre ciudades desconocidas y empleos temporales, Agostina colapsó. Una tarde, abrumada por la necesidad de buscar otro trabajo que ni siquiera le interesaba, ingresó a su Google Drive para renovar su currículum. Sin embargo, el destino —o el algoritmo del inconsciente— tenía otros planes: halló una carpeta olvidada con centenares de poemas escritos a lo largo de su vida.
Fue la primera ocasión en que le di valor a mi escritura. Dejé de considerarla un pasatiempo, rememora. Esa tarde no hubo currículum nuevo. Hubo horas de organización, selección y el surgimiento de un manuscrito. Con más osadía que certezas, envió sus textos a diversas editoriales.
Siete meses después, arribó el correo electrónico que transformó su existencia: la editorial Valparaíso la seleccionaba entre más de 700 aspirantes de todo el planeta.
No estamos obligados a ser una única persona
Su segundo libro, Todas las personas que fui, posee un título que interpela, especialmente a una generación centennial y millennial obsesionada con las etiquetas y el propósito único.
Entre 2023 y 2025, Agostina siente que encarnó a muchas mujeres distintas: la estudiante en Tucumán, la que dejó la facultad, la que emigró sin dominar el idioma y sin dinero, la que buscó su sitio en el mundo. A veces no entiendo cómo no implosioné en aquella época, se ríe, recordando el torbellino.
Observo una búsqueda desesperada en los jóvenes por hallar un único sendero, y no tiene por qué ser así. Podemos ser muchísimas versiones de nosotros mismos al mismo tiempo, reflexiona con una madurez que sorprende.
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Las facetas de Agostina
La universitaria en Tucumán.
La emigrante en Australia sin contactos ni idioma.
La poeta que desafió los mandatos establecidos.
La mujer que muta y se acepta en cada versión.
Lo que se silencia, se escribe
Al contrario de lo que suele pensarse, la inspiración de Agostina Ferroni ya no gira en torno al cliché del amor romántico. Me inspira todo lo que callo, suelta de forma rotunda. Muchas veces guardo mis opiniones en medio de una charla para que las cosas no estallen. Todo lo que no quiero decir en el momento, lo escribo después.
¿Y qué se viene ahora?
La tucumana no se detiene. Reveló que ya tiene lista su primera novela, titulada Me voy con o sin vos, trabajada intensamente durante un año con su mentora, la escritora Paola Soto, además de otro poemario guardado que espera su revisión final.
Cómo conseguir sus libros en Tucumán
Aunque la edición es española y tiene fuerte presencia en Europa, los lectores tucumanos no quedan excluidos. Los libros de Agostina pueden encargarse en librerías nacionales como Cúspide, o adquirirse a través de Mercado Libre y Amazon.
Para quienes prefieren el trato directo (bien al estilo tucumano), pueden contactarla mediante su Instagram (@agostinaferroni), donde ella misma orienta a sus lectores sobre cómo obtener sus ejemplares según el lugar del mundo en que se encuentren.
Agostina Ferroni es la demostración clara de que, a veces, hay que perderse en el mapa para encontrarse en las palabras. Y para Tucumán, es un motivo de orgullo que sus versos ya estén recorriendo el mundo.
