Una mujer de 32 años fue aprehendida en Yerba Buena, acusada de intervenir en el homicidio de su exnovio, Marcos Nahuel Varas, a quien los pesquisas señalaban como un presunto cabecilla del narcomenudeo en Pilar, provincia de Buenos Aires. La detenida, Aldana Yael Herrera, había escapado hacia el norte argentino poco después del crimen, modificó su aspecto físico y se alojó en la vivienda de una pariente dentro de un barrio cerrado. La captura se produjo el jueves, tras varias semanas de tareas de inteligencia combinadas entre fuerzas tucumanas y bonaerenses.
Según la pesquisa, la mujer habría tenido un desempeño significativo antes del ataque mortal. La teoría principal apunta a que pudo haber oficiado de informante para allanar la emboscada. El suceso sangriento se registró el 18 de abril en Del Viso, en el oeste del conurbano bonaerense.
Esa noche, Varas se encontraba con un amigo cuando fueron sorprendidos por cuatro sujetos que viajaban en un Peugeot 208 negro y simulaban ser agentes de la ley.
“Tírense al suelo”, habrían gritado los agresores. De acuerdo con la pesquisa, luego exigieron dinero a las víctimas. No se pudo determinar si lograron apoderarse de efectivo o estupefacientes.
Antes de fugarse, uno de los atacantes le disparó a Varas en el rostro. Falleció en el acto.
El acompañante sufrió lesiones en la cabeza por golpes con las culatas de las armas.
La hipótesis de una “entrega” y la pista recurrente
Con el avance del expediente judicial surgió un nombre: Enzo Godoy.
Voceros judiciales señalaron que estaría vinculado a una banda que presuntamente asaltaba a personas ligadas al tráfico de drogas para apoderarse de dinero o sustancias ilegales.
Los detectives ya lo tenían registrado por hechos similares: robos ejecutados por grupos que fingían ser policías. Al mismo tiempo, personas cercanas a la víctima plantearon otra posibilidad.
Sospechaban que alguien del círculo íntimo había filtrado datos sobre los movimientos y las costumbres de Varas. Las sospechas recayeron entonces sobre Herrera, expareja del fallecido.
Declaraciones incorporadas al expediente señalaron que ella habría estado cerca del lugar antes y después del ataque.
La huida: dejó todo atrás y se instaló en Tucumán
Horas después del crimen ocurrió otro suceso. Parientes de Varas se dirigieron a la casa de Herrera para dar con ella. No la hallaron, pero incendiaron su vehículo.
Para ese entonces, según la causa, la mujer ya había abordado un colectivo con rumbo a Tucumán. En el norte comenzó una nueva vida.
Buscó no llamar la atención, se tiñó el pelo, tapó sus tatuajes e intentó retomar una rutina lejos de Buenos Aires.
Barrio cerrado, centro de estética y vigilancia encubierta
La pesquisa llegó hasta Tucumán mediante el trabajo conjunto de brigadas. Un equipo de pesquisas locales empezó a indagar posibles lazos familiares y dio con un dato crucial: una hermana de la acusada vivía en el country Alto Verde III, en Yerba Buena.
Las labores de inteligencia permitieron seguir avanzando. Los agentes determinaron que Herrera se hospedaba temporalmente allí y además laboraba en un centro de estética vinculado a su familiar.
Con esa evidencia montaron una vigilancia para confirmar su identidad y sus desplazamientos.
El procedimiento final y una causa en curso
La detención se materializó en un local situado en la intersección de San Juan y Olegario Andrade. Intervinieron agentes tucumanos junto con efectivos bonaerenses.
Ahora se aguarda completar los trámites judiciales para su traslado a Buenos Aires, donde deberá rendir cuentas ante la Justicia por su presunta implicación en el homicidio. Sin embargo, el caso dista de estar cerrado.
Los pesquisas mantienen vigente otra línea: creen que Enzo Godoy, señalado como posible ejecutor del asesinato, también podría haberse refugiado en Tucumán.
Mientras tanto, el expediente sigue sumando interrogantes sobre una teoría que cobra fuerza: una emboscada, una supuesta delación y una fuga que concluyó a más de mil kilómetros del lugar del crimen.










