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LA FANZOLATO. Postal de una calle muy transitada durante el mediodía. ARCHIVO

LA FANZOLATO. Postal de una calle muy transitada durante el mediodía. ARCHIVO

El caos del tránsito y la habilitación reciente de un paso en predios particulares son dos manifestaciones de un mismo conflicto. A medida que las familias se instalan en las faldas del cerro y los emprendimientos de viviendas crecen, la falta de coordinación entre distintas jurisdicciones podría convertir este corredor local en un cuello de botella permanente.

La calle Fanzolato, en el corazón de Yerba Buena, enfrenta una presión cada vez mayor. Lo que antes era una vía de circulación barrial hoy soporta un flujo vehicular intenso, especialmente en las horas pico. Este fenómeno no es aislado, sino la consecuencia directa de un crecimiento urbano que no fue acompañado por una planificación vial acorde.

La apertura de un nuevo tramo sobre terrenos de propiedad privada, sin los estudios y acuerdos interinstitucionales necesarios, ha encendido las alarmas. Vecinos y especialistas advierten que esta medida, lejos de solucionar el problema, podría agravarlo, replicando los serios inconvenientes que por años ha padecido el vecino Camino del Perú.

La situación expone una crónica debilidad: la dificultad para gestionar de manera integral el desarrollo de una zona que, por su geografía y expansión demográfica, requiere soluciones consensuadas y de largo alcance. Los municipios de Yerba Buena y San José, junto a la provincia, tienen ante sí el desafío de evitar que la Fanzolato se transforme en un nuevo punto crítico para la movilidad.

Mientras tanto, los residentes de los barrios aledaños, como Cebil Redondo, observan con preocupación cómo el tráfico se densifica. Sus reclamos apuntan a una necesidad urgente: que las autoridades articulen una estrategia clara antes de que el colapso sea irreversible. La memoria del Camino del Perú, con sus eternos embotellamientos, sirve como un recordatorio de lo costoso que resulta actuar cuando el problema ya está instalado.

El caso de la Fanzolato es un testigo más de una dinámica metropolitana compleja, donde la falta de previsión y coordinación termina pagándose con horas perdidas en el auto y una sensible disminución en la calidad de vida de los tucumanos.