Tafí del Valle al borde del colapso: el tránsito es solo el síntoma de un problema mayor

En Tafí del Valle, las últimas semanas de temporada alta dejaron ver una situación recurrente: congestiones vehiculares severas, demoras interminables y una infraestructura urbana que muestra signos de saturación ante la masiva afluencia de visitantes. La conversación pública, sin embargo, ha trascendido la mera queja por el tránsito lento para adentrarse en un examen más profundo sobre la capacidad de carga del valle, la planificación territorial y los servicios básicos. Expertos consultados coinciden en que los embotellamientos son sólo la expresión más visible de un desafío estructural de mayor envergadura.

“Acabamos de transitar los tres fines de semana de mayor congestión del año”, señaló Osvaldo Merlini, arquitecto con una larga trayectoria en la administración local. En referencia a eventos como el Seven, el Carnaval y la Fiesta del Queso, afirmó: “La villa colapsa frente a ese impacto descomunal de vehículos y personas”. Para Merlini, el problema del tránsito es la punta del iceberg de una crisis de planificación que afecta a toda la trama urbana.

Ricardo “Tato” Sanchis, ingeniero civil y ex secretario de Obras Públicas, compartió ese diagnóstico. “En temporada alta la circulación se complica enormemente, las calles no fueron pensadas para este volumen de automóviles”, admitió. Si bien consideró que los semáforos instalados han aportado cierto orden al microcentro frente a la escasez de agentes de tránsito, también reconoció que los tiempos de espera fijos no siempre son eficientes y abogó por avanzar hacia sistemas inteligentes que adapten los ciclos al flujo real.

Merlini fue más allá en su crítica hacia los semáforos, en especial el ubicado sobre la ruta provincial 307. “No debería existir, hay que retirarlo. Es inaceptable que una ruta tenga un semáforo; no ocurre en ningún otro sitio”, sostuvo con firmeza. Argumentó que detener el tránsito en una vía de esas características genera colas de hasta un kilómetro sin que haya circulación en el sentido opuesto. “Me parece impráctico e incluso contraproducente”, insistió, proponiendo en su lugar incrementar la dotación de personal capacitado que pueda gestionar los cruces de manera dinámica según la densidad del momento.

Sanchis introdujo un matiz sobre este punto. Recordó que durante su gestión no se colocaron nuevos semáforos, pero hoy entiende que cumplen una función organizadora básica. “En las grandes urbes se implementan sistemas con sensores en el asfalto, que benefician al tránsito según la dirección predominante”, explicó, aunque subrayó que la barrera principal es económica. Tafí del Valle, recalcó, sigue siendo un municipio de tercera categoría con ingresos que no se condicen con las exigencias de un destino turístico provincial emblemático, por lo que reclamó una mayor participación de la provincia.

Transformación urbana

El debate técnico se enmarca en una transformación histórica. Bárbara Manasse, arqueóloga y residente desde hace casi cuatro décadas en Tafí, aportó una mirada de larga data sobre el crecimiento del pueblo. Sostuvo que el cambio más significativo se gestó entre 2000 y 2010, impulsado por mejoras viales, mayor acceso al auto y políticas que priorizaron el desarrollo turístico e inmobiliario. Este crecimiento, afirmó, no fue acompañado por una actualización normativa acorde. El Código de Planeamiento Urbano data de 1991 y no ha sido reformulado sustancialmente. “El ejido municipal de 1990 no es el de hoy; se necesitan nuevas normas que se adapten a la mayor densidad poblacional y a los nuevos usos”, resumió. Desde su perspectiva, los semáforos, incluido el de la ruta 307, son una herramienta positiva: “Mejoran la dinámica interna y previenen accidentes que antes eran frecuentes”, expresó.

Manasse aportó cifras que contextualizan el fenómeno: la congestión se concentra en fechas puntuales de alta afluencia turística, mientras que el resto del año la circulación se normaliza. “Durante los tres principales fines de semana de la temporada ingresan a la villa varias decenas de miles de personas, incrementando drásticamente la densidad poblacional. Vista así, es casi lógica la situación caótica”, concluyó.

La especialista añadió un condicionante de base: el diseño original de Tafí del Valle no tuvo en cuenta su futuro como polo turístico masivo. No posee una plaza central que funcione como núcleo articulador para dar la vuelta, el comercio no está integrado a un centro cívico y tampoco la iglesia principal organiza el trazado. Fue concebido como un lugar de veraneo para unas pocas familias acomodadas, una lógica que hoy choca frontalmente con la escala de movimiento que experimenta.

Una crisis integral

Merlini y Sanchis coincidieron en ampliar el foco más allá del tránsito. El arquitecto fue contundente: “No colapsa sólo la circulación, colapsa todo”. Enumeró problemas en la gestión de residuos, la ausencia de red cloacal y la vulnerabilidad ante emergencias sanitarias. Describió contenedores rebalsados, animales sueltos y pozos sépticos que desbordan en verano por la saturación y el ascenso de napas. “Si un pozo séptico se llena, el líquido sobrante va a la calle. Sobre todo en temporada”, alertó.

Posibles caminos

En cuanto a soluciones, ambos expertos abogaron por un plan integral. Merlini propuso un estudio técnico exhaustivo que redefina el planeamiento urbano y establezca límites al crecimiento. “Primero hay que ordenar lo que ya existe”, dijo, refiriéndose a servicios, circulación y control de edificaciones. También advirtió sobre procesos de ocupación informal en terrenos familiares y zonas de riesgo, impulsados por el encarecimiento del suelo. “Vivimos una época de hacinamiento en el valle. La gente construye en la casa de los suegros o en lugares peligrosos porque es más barato”, exclamó.

Sanchis, por su parte, puso el acento en la educación vial como pilar fundamental. “Falta una educación vial como corresponde. Para mí esa es la base de cualquier solución: que el conductor se forme y sea respetuoso”, sostuvo, vinculando esta carencia con maniobras imprudentes que agravan los embotellamientos y aumentan el riesgo de accidentes, sobre todo con la circulación de cuatriciclos y caballos en áreas inadecuadas.

El denominador común es la percepción de un límite crítico. “Tafí está al borde del colapso, pronto será irreversible”, afirmó Merlini sin ambages. Aclaró que no se trata sólo de un embotellamiento temporario, sino de una fragilidad estructural frente a eventos extremos como crecidas de ríos, cortes de ruta prolongados o emergencias sanitarias masivas. La sobreestimación de la capacidad receptiva podría, según su advertencia, tener consecuencias graves sin medidas preventivas.

La discusión, en definitiva, supera la esquina congestionada o el semáforo cuestionado. Interpela el modelo de desarrollo elegido para el principal destino turístico de la provincia. ¿Hasta dónde se puede crecer? ¿Con qué recursos? ¿Bajo qué marco normativo actualizado? El tránsito es la manifestación cotidiana de estos interrogantes de fondo.

La conclusión que surge de los análisis es clara: sin una planificación técnica integral, sin una actualización normativa urgente y sin una adecuación presupuestaria a la realidad que vive cada verano, la congestión vehicular seguirá siendo apenas el síntoma inicial de un problema de mayor magnitud. El reto no es disuadir al turismo, sino armonizar su afluencia con una infraestructura que pueda sostenerla sin comprometer la calidad de vida ni la esencia del valle.

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