El principal sospechoso del crimen de Érika Álvarez habría ideado un plan macabro para deshacerse del cuerpo de la víctima. Según las pesquisas, Jorge «Militar» Sosa habría colocado el cadáver en un contenedor de residuos, con la intención de que fuera recolectado por el servicio de recolección urbana.
Las investigaciones avanzan sobre la posibilidad de que Sosa no haya actuado solo. Existen indicios firmes que apuntan a que pudo contar con ayuda de otras personas para llevar a cabo este intento de ocultamiento del cuerpo, lo que complejiza el panorama del caso.
El hallazgo del cuerpo de la joven, sin embargo, frustró este plan. Los restos fueron localizados en una zona descampada, lejos del lugar donde supuestamente se habría puesto en marcha la maniobra con el cesto de basura.
Este nuevo elemento incorporado a la causa judicial agrega una capa de premeditación y frialdad al accionar del imputado. Los fiscales a cargo de la investigación analizan minuciosamente las evidencias y testimonios que podrían confirmar esta hipótesis sobre el destino que se quiso dar al cuerpo de Álvarez.
La pesquisa continúa abierta, con el foco no sólo en confirmar los detalles de este presunto ocultamiento, sino también en identificar y determinar el grado de participación de los posibles cómplices que habrían asistido a Sosa en este hecho.
