Un análisis forense de ADN introdujo un nuevo giro en la investigación por el femicidio de Érika Álvarez, ocurrido en enero en Yerba Buena. El estudio confirmó que el material biológico hallado en el interior de la bolsa donde fue abandonado el cadáver corresponde a Felipe «El Militar» Sosa, el principal imputado en la causa. Además, los examinadores encontraron cabellos que pertenecen a una mujer que aún no pudo ser identificada, lo que abre la posibilidad de que haya una nueva implicada en el hecho.
La información fue confirmada por fuentes judiciales, que indicaron que los resultados de la pericia genética fueron recibidos en las últimas horas por la fiscalía, a cargo de Pedro Gallo. La presencia de los restos biológicos de Sosa en la bolsa no hace más que reforzar la hipótesis de su participación directa en el crimen y en el posterior intento de ocultar el cuerpo.
Sin embargo, el hallazgo más resonante es el de los pelos de una mujer. Según las fuentes, el ADN extraído de esos cabellos no coincide con el de la expareja de Sosa ni con ninguna otra persona que hasta ahora haya sido identificada en la causa. Esto llevó a los investigadores a sospechar que una tercera persona, de sexo femenino, podría haber participado en los hechos.
En paralelo a este avance científico, declaraciones de otro imputado en la causa aportaron nuevos nombres a la investigación. Este testigo mencionó la posible participación de tres mujeres en el femicidio y en las maniobras posteriores para encubrirlo. Los investigadores ya comenzaron a seguir esas pistas para determinar si alguna de ellas podría ser la dueña de los cabellos encontrados.
La combinación de esta evidencia genética con los testimonios recientes podría modificar sustancialmente el curso de la pesquisa, que hasta ahora se centraba casi exclusivamente en Sosa. La fiscalía evalúa realizar nuevas citaciones y allanamientos para intentar dar con la identidad de la misteriosa mujer cuyo rastro genético apareció en la escena del crimen.
