Una cinta adhesiva negra adherida a una pizarra, sogas del mismo tono, un chaleco antibalas, más de un centenar de proyectiles y un comprobante de extracción millonaria. Estos son algunos de los elementos incautados que se perfilan como evidencia clave en la causa contra Felipe Sosa, el ex militar de 51 años y propietario de la firma «Seguridad Objetiva», señalado como principal implicado en el femicidio de Érika Antonella Álvarez en Tucumán.
Un informe crucial del Equipo Científico de Investigaciones Fiscales (ECIF) indicó que los materiales empleados para deshacerse del cuerpo de la joven habrían salido, presuntamente, de la rutina de entrenamiento físico del acusado.
El allanamiento ordenado por la Fiscalía, en la vivienda de la calle Santo Domingo al 1100, en Yerba Buena, que Sosa alquilaba, arrojó un resultado forense relevante. Los peritos no solo hallaron cinta adhesiva negra suelta, sino también «seis fragmentos de cinta adhesiva color negro» pegados a una barra de dominadas y a una mancuerna que el imputado tenía en la galería de su casa, aparentemente para su ejercicio.
De acuerdo al acta oficial, esta cinta presenta, según el documento, «características similares a la encontrada en las bolsas plásticas que cubrían el cuerpo de la víctima». El patrón que se investiga es claro: el material utilizado para atar a Érika estaba disponible y en uso en el domicilio del detenido, según la principal línea de investigación.
La soga negra que encontraron los investigadores.
Las sogas y el «elemento filamentoso»
No fue lo único. El cuerpo de Érika, encontrado en un terreno baldío de Manantial Sur, presentaba ataduras con sogas. Tenía aproximadamente cuatro vueltas al cuello. En la inspección ocular, el ECIF secuestró en la casa de Sosa una «soga elástica de color negro de 2,60 metros de largo», que estaba enrollada en un cable pasa-corriente para batería, de acuerdo al documento oficial.
Además, los investigadores levantaron un «elemento filamentoso oscuro» que se hallaba justo a los pies de la cama en la habitación principal. La similitud entre estas «piolas de color negro» y las ligaduras de la escena del crimen constituirían también parte de la principal hipótesis sobre la manera en que fue desechado el cuerpo de Erika ya sin vida.
El cadáver de la joven de 25 años fue localizado el jueves 8 de enero en un descampado de Manantial Sur. Se encontraba desnudo, envuelto en bolsas de residuos, atado con sogas y cinta adhesiva negra. Una semana después, la Justicia concretó este allanamiento en el domicilio de Sosa y encontró el rastro que los investigadores buscaban.

Los investigadores midieron con un metro el largo de la soga.
Arsenal y perfil táctico
El perfil de Sosa, dueño de la empresa «Seguridad Objetiva», quedó expuesto con el hallazgo de equipamiento táctico profesional en su vivienda. Los peritos incautaron un chaleco antibalas modelo antitumulto (año de fabricación 2016) y una pistolera de polímero marca «MDEFENSE», fabricada en Israel.
El poder de fuego también era considerable. En una cartuchera camuflada de color verde oscuro, la policía encontró 125 cartuchos calibre 12 marca Orbea.
La relación entre la víctima y el victimario se extendía en el tiempo. Fue la propia hermana de Érika, Mayra, quien logró acceder a una cuenta secundaria de la joven y rastrear la ubicación de su dispositivo móvil. La señal impactaba en Yerba Buena, cerca de las casas que alquilaba Sosa. Milena Alvarez, otra de las hermanas, señaló a la Justicia que Erika había solicitado en varias oportunidades vehículos de aplicación cuyos viajes quedaron registrados con ese lugar como destino.
La ruta del dinero y la fuga
La investigación, liderada inicialmente por la fiscal María del Carmen Reuter y ahora a cargo de Carlos Picón, determinó que el sospechoso habría planificado su huida horas después del crimen. En el allanamiento se habría secuestrado un comprobante letal para su coartada: un ticket de extracción del Banco Francés por la suma de 8 millones de pesos.
El movimiento bancario se realizó el 8 de enero a las 11:21 de la mañana, el mismo día en que la familia de Érika ingresó a su casa y descubrió su desaparición. Con ese efectivo, Sosa habría escapado hacia Pilar, provincia de Buenos Aires, a bordo de una motocicleta KTM de alta gama, según sostienen los fiscales.

La cronología del horror
La última señal de vida de Érika habría sido un mensaje a su sobrina a las 3 de la madrugada del miércoles 7 de enero. Durante todo ese día, su familia creyó que dormía porque el aire acondicionado y las luces de su vivienda en la capital tucumana habían quedado encendidas.
Cuando finalmente ingresaron, ella no estaba. Faltaba ropa que -según sus hermanas- ella usaba para salir con alguien, sus sandalias y el cargador del teléfono celular. Horas más tarde, la policía confirmó el hallazgo del cuerpo aproximadamente a unas veinte cuadras de su domicilio.
En la actualidad, Felipe Sosa se encuentra alojado en el penal de Benjamín Paz, tras un traslado de alto riesgo ejecutado por el Grupo CERO. Las pruebas recolectadas en la calle Santo Domingo, sumadas a la huida y el perfil del imputado, agravan cada vez más su situación procesal.
