Seiscientas personas se congregaron en Las Cañas para participar en la cena anual del Banco de Alimentos de Tucumán, un encuentro que funcionó simultáneamente como celebración y estrategia de recaudación. La velada, desarrollada en un contexto que las autoridades caracterizaron como desafiante, reunió a empresarios, municipios y representantes del sector público vinculados a la labor de la institución.
El evento incluyó una serie de actividades para movilizar fondos. Se subastaron dos camisetas de la Selección Argentina: una firmada por Lionel Messi alcanzó los 21 millones de pesos y fue adquirida por Molle Solo SAS (representada por Gonzalo Juez Pérez), mientras que la segunda llegó a 20 millones de pesos para Citromax. Andrés «Pigu» Romero hizo su aportación donando los palos de golf con los que ganó el Abierto de Alemania en 2017, los cuales fueron pujados por 13 millones de pesos por Tecnocaucho. El sorteo de un automóvil cero kilómetro completó la noche y fue ganado por Lucía Josefina Paz con el número 162.
La recaudación alcanzó a 230.000 platos de comida, cifra que representa para las autoridades mucho más que un número: la posibilidad concreta de que el alimento llegue a quienes lo requieren. Estos recursos permiten la compra de productos que no arriban mediante donaciones pero que resultan fundamentales desde la perspectiva nutricional, destinándose posteriormente a 154 organizaciones sociales.
Agustina Figueroa, presidenta de la institución, subrayó la importancia de la confianza generada durante sus veinticuatro años de trayectoria. «Esta alegría de tener tantos sí, tantas personas que deciden comprometerse, que deciden involucrarse, que deciden ser parte activa de este cambio social, es muy satisfactorio», expresó.
Por su parte, Josefina Correa, directora ejecutiva, enfatizó que el Banco amplió su visión institucional. La organización ya no se define únicamente por la distribución de alimentos, sino como una plataforma de desarrollo social que incorpora capacitación y empleabilidad. Un ejemplo de esto es su escuela de cocina, creada hace cinco años y actualmente certificada por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, que brinda formación a más de 500 personas.
«Hoy no solamente es alimento, es todo un sistema que ya funciona, que es confiable, que es transparente», señaló Correa.
Pablo Grandval, tesorero de la institución, explicó que este año se comenzó a impulsar un nuevo modelo bajo el lema «Impulsores de Cambio Social», que busca superar la dinámica tradicional de donación para construir relaciones de mayor participación y sustentabilidad. La propuesta invita a colaboradores a acercarse no solo con dinero, sino también con ideas, conocimientos, voluntariado, capacidades y contactos.
Durante la velada quedó de manifiesto la necesidad de que la responsabilidad frente a la problemática alimentaria no recaiga sobre una única organización. Figueroa remarcó la importancia de la articulación multisectorial entre empresas, productores, municipios y Estado. En esta línea, Eduardo Braun, como orador de la noche, utilizó la historia del economista Muhammad Yunus para reflexionar sobre transformaciones que parecen imposibles, invitando a los asistentes a pensarse como integrantes de un mismo equipo y a preguntarse qué pequeña acción podían realizar al día siguiente para continuar con la transformación.
A distancia, Silvana Tenreyro, economista tucumana radicada en Londres y flamante madrina de la institución, reivindicó la necesidad de convertir la solidaridad en acciones concretas: «Alimentar es mucho más que entregar alimentos».
Mirando hacia adelante, Figueroa expresó su deseo de que la próxima campaña, «Una Navidad con Propósito», alcance a la mayor cantidad de personas posible. Sin embargo, su anhelo más profundo apunta en una dirección paradójica: que sean cada vez menos las personas que necesiten del Banco de Alimentos.
