Existen instancias en la trayectoria de un deportista donde las proyecciones comienzan a materializarse. No se trata de un estallido súbito ni de una irrupción inesperada, sino más bien de una percepción de continuidad, de que lo forjado a lo largo de los años halla su expresión dentro del rectángulo de juego. Para Bautista Estofán, ese instante parece haber arribado. El apertura de Tarucas inició la campaña como titular en los cuatro primeros encuentros del Súper Rugby Américas y respondió con performances sólidas, en un conjunto que aún se encuentra en fase de armado. No es casual. Tras una temporada inicial en la que debió adecuarse al ritmo y las demandas del certamen, hoy transita el campeonato desde otra perspectiva.
“Intento capitalizar las chances que se presentan. La temporada pasada me correspondió ser parte del plantel, por lo que este año lo vivo de un modo distinto porque siento que no debo empezar desde cero”, detalló. La expresión funciona como un resumen de su actualidad: ya no es cuestión de ganarse un espacio desde los cimientos, sino de mantenerlo. Este cambio de enfoque también se sustenta en un progreso grupal. Tarucas conserva un núcleo importante del equipo y acumula experiencia en una competencia que no concede tregua. “Percibo que lo que varió respecto de la primera edición es que tenemos mucha más experiencia dentro del torneo. Además, retuvimos una base importante, que desea triunfar y se esfuerza para lograr esos objetivos”, evaluó. Y aunque el balance es alentador, también emerge la autocrítica, una cualidad propia de este Tarucas 2026 que busca la mejora permanente. “Ante Pampas realizamos un partido deficiente, pero tomamos esos fallos para crecer”, señala.
Vínculo “verdinegro”
El camino de Estofán hasta este punto tiene orígenes definidos. Comenzó a practicar a los seis años, cuando su familia se trasladó de Concepción a Yerba Buena y optó por anotarlo en Tucumán Rugby. Desde entonces, su historia quedó indisolublemente unida a la institución. Pudo haber sido diferente: su padre jugó durante mucho tiempo en Huirapuca y el lazo familiar con la “Perla del Sur” es fuerte. Pero no ocurrió. “No llegué a actuar allí porque era muy pequeño. De lo contrario, habría sido otra historia”, rememoró.
Más allá de ese dato, lo que se afianzó fue una identidad. Tucumán Rugby no solo fue su sitio de formación, sino también el ámbito donde forjó relaciones que hoy permanecen vigentes. Su hermano Jeremías también integra la Primera del club, y juntos experimentaron uno de los momentos más relevantes de sus carreras en 2025, cuando quebraron una sequía de una década y se alzaron con el título del Regional.
“Se demoró un tanto, pero siempre jugamos para ganar y hacer lo mejor posible”, apuntó sobre aquella conquista, que tuvo un valor especial por haberla compartido en el ámbito familiar. Ese tipo de vivencias dejan huella, forjan el carácter y explican, en parte, la naturalidad con la que hoy se desenvuelve en un contexto más demandante.
En Tarucas, además, halló un entorno que le resulta conocido. La presencia de varios compañeros formados en Tucumán Rugby facilita la adaptación y robustece la dinámica del grupo. “Está muy bueno contar con varios compañeros del club. Somos muy amigos. Compartimos mucho con ‘Nico’ Macome o Mariano Muntaner porque somos amigos de toda la vida”, relató. Esa proximidad se traslada a la cancha, en los automatismos, en la confianza para resolver jugadas bajo presión.
En lo individual, uno de los factores que impulsa su desarrollo es la rivalidad interna. La posición de centro es una de las más exigentes dentro del equipo, con jugadores de trayectoria y jerarquía. Compartir ese espacio con Matías “Tostao” Orlando representa un desafío constante. “La competencia es muy dura y muy pareja, pero está muy bueno compartir cancha con un jugador como Tostao. Influye mucho en el plantel, sobre todo en el liderazgo. Yo trato de absorber lo máximo de él”, admitió.
Este aprendizaje se refleja en detalles concretos dentro del partido. No se trata solo de presencia física o despliegue, sino de tomar decisiones en el instante preciso. El grubber quirúrgico que terminó en try ante Peñarol es un ejemplo claro: lectura, ejecución y precisión en una jugada que exigía todo eso simultáneamente.
Fuera de la “ovalada”
Fuera del campo de juego, su vida también sigue un ritmo intenso. Estudia Administración de Empresas de manera virtual en la Universidad Siglo XXI y está a un año de graduarse, lo que le permite proyectarse más allá del rugby. “Al ser virtual, es más sencillo organizarse”, explicó sobre una rutina que combina entrenamientos, estudio y trabajo.
En paralelo, desarrolla un emprendimiento vinculado a la recuperación muscular junto a tres amigos. La idea surgió a partir de necesidades propias como deportistas y hoy ya está en funcionamiento, con servicios pensados para optimizar el rendimiento físico. En ese proyecto, Estofán se ocupa de la parte administrativa, un rol que conecta directamente con su formación académica y que le permite adquirir herramientas para el futuro.
Esta doble vida -la del jugador que compite al máximo nivel y la del estudiante que se prepara para lo que viene- habla de un perfil cada vez más integral. No es solo presente: también hay una construcción consciente de lo que sucederá después.
Mientras tanto, el foco está puesto en Tarucas. En mantener el nivel, en corregir las irregularidades y en seguir creciendo dentro de un torneo que exige constancia. Estofán parece haber encontrado su sitio en ese proceso.
