En 1941, la provincia de Tucumán consolidaba su vínculo con la montaña, transformándola en un espacio de esparcimiento y atractivo turístico. La ruta hacia las alturas ya contaba con hitos importantes: una expedición automovilística a la cumbre de San Javier por Raco en 1936; la pavimentación de la avenida Aconquija en 1937; y la apertura de la Primera Confitería y el Mástil en 1938. Para 1940, el camino que ascendía hasta la cima del cerro ya estaba completamente finalizado.
El 20 de febrero de 1941 quedó inaugurada la escultura del Cristo en el corazón del cruce entre la avenida Aconquija y el Camino del Perú. Su creador fue el artista Santiago Chierico, un escultor porteño que ejerció la docencia en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Tucumán. Su trayectoria incluía obras emplazadas en plazas de diversas localidades de la provincia de Buenos Aires, como Olavarría, Chascomús, Seis de Setiembre, Ramos Mejía y Merlo.
En una nota titulada “El autor del Cristo” (07/04/2009), el historiador Carlos Páez de la Torre (h) relata que, según el testimonio del escultor Mario Moyano –quien fuera su discípulo en aquel entonces–, Chiérico utilizó para la obra de la rotonda un boceto originalmente concebido para una gran escultura que se colocaría en la Cordillera de los Andes, un proyecto que finalmente no se concretó. Moyano recordaba que el maestro le explicó que el cuadriculado en las costillas de la imagen tenía el propósito de hacerlas resaltar bajo la iluminación del sol.
La emblemática figura no permaneció siempre en el mismo sitio. En 1998 fue ubicada en el centro de una rotonda que, además, fue equipada con semáforos. Posteriormente, en 2009, y en medio de un debate público por la configuración de la rotonda y el traslado de la imagen, la escultura fue desplazada hacia el oeste y situada en la platabanda donde se la puede observar en la actualidad.
