La pesquisa por el asesinato de Érika Antonella Álvarez continúa revelando indicios de conexiones con el narcotráfico. Recientemente se supo que el imputado Felipe «El Militar» Sosa y Carlos, el presunto novio de la víctima, no solo compartían una amistad, sino también posibles vínculos con el tráfico de estupefacientes, además de haberse beneficiado con algunas decisiones judiciales controvertidas.
En 2023, en la vivienda ubicada en Frías Silva 1.336 –la misma que figura en la investigación del homicidio–, la Policía halló durante una inspección ordenada por un juzgado civil un importante cultivo de marihuana: 29 plantas en floración, otras 27 sin cogollos, 106 plantines, alrededor de 400 gramos de cannabis ya procesado, junto con macetas, envases, equipos de ventilación, iluminación y una prensa para compactar.
Sosa alegó ante la Justicia que contaba con autorización para el cultivo con fines medicinales, debido a que padecía cervicalgia crónica y trastornos de ansiedad. También manifestó que lo hacía en representación de Francisco Pavón –quien dijo sufrir migraña y artrosis– y de Marcos Rivera, con diagnósticos similares a los suyos. Los tres fueron citados a indagatoria bajo la sospecha de que podrían estar involucrados en la venta de drogas.
No obstante, el juez José Manuel Díaz Vélez decidió sobreseer a los acusados en marzo del año pasado. En su fundamentación, si bien reconoció que se había incautado una cantidad significativa de estupefacientes, sostuvo que no se había logrado demostrar ningún vínculo con actividades de comercialización.
“Los elementos secuestrados en la causa, por sí solos, no resultan suficientes para sostener la imputación”, afirmó el magistrado.
El juez precisó que no se encontraron elementos como dinero en efectivo de baja denominación, anotaciones, mensajes en teléfonos móviles ni una investigación previa que acreditara transacción alguna.
El fiscal federal Agustín Chit apeló aquella resolución. “La cantidad de estupefacientes secuestrados resulta más que considerable para entender que la conducta de los imputados quedaba eximida de reproche penal por encontrarse amparada por la autorización legal que tenían”, argumentó.
“Si bien es cierto que la ausencia de una investigación previa o de elementos forenses extraídos de las pericias a los teléfonos plantea interrogantes respecto del ánimo de comercialización del cultivo de cannabis, también lo es que la infraestructura desplegada excede ampliamente la que podrían tener personas que cultivan con fines medicinales propios”, indicó el representante del Ministerio Público en abril. La causa aún aguarda resolución.
Marcelo Cosiansi y Rubén Flores, defensores de Sosa, declinaron hacer declaraciones sobre este punto específico por no conocer el expediente, ya que “El Militar” había estado asistido por otro profesional en ese caso.
Sospecha
Marianella Álvarez, hermana de Érika, afirmó que Sosa estaba vinculado al ambiente de las fiestas electrónicas y que habría sido proveedor de éxtasis. En una entrevista policial, incluso, habría detallado que durante visitas a ese domicilio observó bolsas con pastillas.
“Me dijo que ella no las había tomado porque no consumía eso”, habría comentado.
Cosiansi negó de manera rotunda esa versión. “Mi defendido no tiene ningún vínculo con el narcotráfico. Es consumidor de marihuana y de cocaína, como él mismo lo reconoció. Insisto en que se lo está demonizando. Es un empresario serio que arrastra un problema de adicción importante”, señaló en una entrevista.
Nexo misterioso
Érika conoció a Sosa porque su pareja, el paraguayo Carlos, se lo presentó. Este hombre ya fue identificado por los investigadores y se supo que también está vinculado a causas por narcotráfico en Chaco y en su país de origen.
Los pesquisas consideran que ambos podrían haber estado relacionados por el tráfico y la comercialización de sustancias. Incluso, algunos integrantes de fuerzas federales señalaron que el extranjero podría haber sido proveedor de Sosa.
“Eso es absolutamente falso. Negamos que nuestro defendido esté vinculado al tráfico de drogas. Sí es cierto que lo conocía, pero podría haber sido la persona a la que le compraba sustancias para consumo personal”, aseguró Cosiansi. “También queremos aclarar que, debido a los severos problemas de adicción que padecía, adquiría cantidades importantes”, añadió.
Carlos, conocido en su país como “El Mayor”, fue detenido en junio de 2021 en Tucumán. Luego fue trasladado a Chaco, donde debía responder ante la Justicia por haber sido señalado como responsable de un vuelo narco en el que se transportaron 1.200 kilos de marihuana. No trascendió cuál fue su situación procesal en ese expediente, aunque sí que dos años después volvió a radicarse en Tucumán, donde habría conocido a Érika.
