Es la Reforma Universitaria, estúpidos

        Es la Reforma Universitaria, estúpidos
-De los dolores de la Universidad Nacional de Tucumán (2017) a la libertad de la Universidad Nacional de Córdoba (1918)-
 
“Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana”
 
Deodoro Roca, Manifiesto Liminar Reforma Universitaria, Córdoba, 1918.

                  “Es difícil corregir a los perversos,y el número de estúpidos es infinito”Eclesiastés, 1, 151

ES LA REFORMA UNIVERSITARIA, ESTÚPIDOS

-De los dolores de la Universidad Nacional de Tucumán (2017) a la libertad de la Universidad Nacional de Córdoba (1918)- 

          “Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza      menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que     faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo       advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora  americana” 

   Deodoro Roca, Manifiesto Liminar Reforma Universitaria, Córdoba, 1918.

            El 14 de junio próximo pasado, conmemorando el 99º aniversario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 15 de Junio de 1918), los dos oradores principales de ese acto fueron el santafesino “Changui” Cáceres y el tucumano “Chino” Robles, militantes de base del alfonsinismo de los años 80 hasta hoy. Ambos brindaron testimonio vivaz y comprometido de la recuperación democrática de las universidades de esa hora, e hicieron un balance de aquellas luchas desafiando a la audiencia para afrontar los combates universitarios de hoy, para reconquistar una universidad pública argentina emancipada y democrática.

            El acto tuvo lugar en el Centro Cultural Ing. Eugenio Flavio Virla de la UNT; institución que hacía de anfitriona del evento; razón por la que la rectora y el vicerrector en ejercicio de la universidad pública tucumana, Alicia Bardón y José “Pepe” García, respectivamente, hicieron uso de la palabra para sumarse a la conmemoración de la fecha: me atrevo a decir al respecto que la intervención de ambos fue vergonzosa y lastimosa. Para explicarme afirmo que no hay nada más contrastante que la semblanza de la universidad nacional cordobesa de 1918 y la universidad nacional tucumana del 2017, en vísperas de conmemorar el centenario de la Reforma Universitaria que encarnó la rebelión estudiantil de la “docta Córdoba”, irradiando una “revolución… viviendo una hora americana”. Pintemos con trazos gruesos, pues, los claroscuros que van de los dolores de la universidad tucumana de principios del siglo XXI, remontándonos, río arriba, hacia la fuente de la autonomía y la lucha por las libertades de la universidad cordobesa, encarnando el espíritu emancipatorio y democrático de principios del siglo XX, que aquellos jóvenes estudiantes cordobeses supieron plasmar como símbolo de la universidad pública, laica, libre, autónoma, gratuita, cogobernada por docentes, estudiantes y graduados, en aquella memorable hora argentina, resonando y replicándose en Latinoamérica.

            A modo introductorio del evento conmemorativo, habló José “Pepe” García, el vicerrector de la UNT, que había sido comisionado por la rectora para organizar dicho evento. Antes se había pasado un video, bien ilustrado, expresando el auténtico ideario reformista. La adhesión retórica y vacía de García a dichos ideales, fue remachada por éste con la altisonante proclama de que la UNT se tenía que comprometer con los problemas más acuciantes de la sociedad y del mundo, entre ellos, subrayó, los de la protección del medioambiente. Algo bastante falso e hipócrita proviniendo de una autoridad universitaria, que antes fue por dos períodos decano de la Facultad de Agronomía, convalidando desde su facultad y desde el Consejo Superior que integraba todos los entuertos y delitos a ese y otros respectos; y que ahora va por el tercer año como vicerrector de una institución degradada hasta los tuétanos, en la complicidad con los negocios tóxicos de la explotación megaminera de la Alumbrera, en sociedad con la provincia de Catamarca y la UNT, vía YMAD (Yacimiento Mineros Aguas de Dionisio). Aparte del saqueo y la contaminación de este emprendimiento, la toxicidad de los fondos mineros son los que han venido conduciendo al vaciamiento de la UNT y al enriquecimiento ilícito de algunos de sus funcionarios, y a la postración y degradación superlativa de la UNT, llevándola a la decadencia y a la corrupción estructural en la que hoy se encuentra sumida la universidad pública tucumana. Sumado a ello, sobre “Pepe”  García pesa la sospecha de sus contubernios y manejos económicos turbios o ilícitos, en connivencia con el Secretario Gral. del gremio de los no docentes de la UNT (FATUN), Ángel, “el zurdo” Morales, entre otras presuntas irregularidades o delitos en perjuicio de la universidad tucumana; una entre varias de las perlas de esa virtual asociación ilícita radica en que habría autorizado de un modo irregular la creación del Centro Médico de OSFATUN “26 de Noviembre”, inaugurado el 31 de julio de 2015, en los predios del Centro Universitario Ing. Roberto Herrera, de la Quinta Agronómica. Para colmo de la deshonra a la memoria de la Reforma Universitaria, el vicerrector publicita en La Gaceta que él se postula como candidato a Rector para el año 2018, ¡año del Centenario de la Reforma Universitaria!, y lo hace patrocinado, presuntamente, por el radicalismo y por el macrismo de Cambiemos: ¿y la autonomía universitaria por la que lucharon los jóvenes reformistas del 18? Otra vez avasallada; otra vez pisoteada.

A renglón seguido del acto conmemorando la Reforma Universitaria de 1918, habló la rectora en ejercicio, Alicia Bardón, quien resaltó que “los principios de la reforma permitieron que Argentina sea un país líder en la movilidad social ascendente al implicar la inclusión, en la educación universitaria, a toda persona que quiera cursar estudios superiores”. Poca credibilidad tienen esas palabras cuando esa señora fue por dos períodos consecutivos decana de la Facultad de Bioquímica, Química y Farmacia, luego, de 2010 a 2014, fue vicerrectora en el segundo período en el que ejerció el rectorado Juan Cerisola, un procesado por esos manejos turbios con la megaminería, entre otros, y del 2014 a la fecha se hizo con el rectorado de la UNT; o sea del 2006 hasta hoy Alicia Bardón, por pasiva o por activa, ha convalidado ese proceso de más de diez años en que se cometieron numerosos delitos afectando el patrimonio universitario y otros delitos federales, como la corrupción del sistema electoral por la Asamblea Universitaria y la compra de votos. Bardon es, por ello, ya cómplice ya principal responsable de todos los delitos cometidos perpetrando el mayor saqueo y vaciamiento de la UNT en su historia.

El “chino” Robles, uno de los dos oradores principales del acto, es un cuadro político  de la UCR, fogueado en el ideario y en la práctica radical de pura cepa, de Yrigoyen a Illia y Alfonsín, a nivel nacional, y, a nivel provincial, siguió las huellas del íntegro y comprometido abogado Pisarello, en Tucumán, asesinado durante la dictadura militar del “Proceso”, poniendo la vida y su profesión de abogado a disposición de los perseguidos por la dictadura. En esa escuela de compromiso y lucha se forjó Robles, quien tiene un estilo oratorio casi de barricada, y es un inclaudicable luchador del “campo popular”, como se dice; lucha a brazo partido por las personas, las comunidades, y los pueblos vulnerables y vulnerados de la sociedad tucumana y argentina. Conoció la prisión durante la dictadura y sabe de qué habla cuando, él también, pone el cuerpo al servicio de las causas populares y de los desprotegidos. Ejerce el derecho penal, contra viento y marea, combatiendo palmo a palmo las injusticias que se cometen en los tribunales y fuera de ellos, defendiendo a los pueblos originarios, al medio ambiente, o a los hombres y mujeres que caen víctimas de los delincuentes comunes, y los criminales de cuello blanco; es un luchador de la primera línea en el combate contra la matriz corrupta de los bastardeados poderes públicos, y sus cómplices “privados”. En especial es defensor de los que son oprimidos por las perversiones y corrupciones del poder judicial tucumano. También fue, hasta hace poco, profesor de derecho penal en la Facultad de Derecho de la UNT,  pero renunció de un modo indeclinable a su puesto docente allí, porque esa facultad, dirigida por la decana Adela Seguí, hizo un silencio cómplice respecto de los 615 millones de pesos con los que el anterior gobierno tucumano (el de Alperovich) compró y bastardeó las elecciones gubernativas del año 2015, colocando en el gobierno al no menos delictivo Juan Manzur. Aparte de ello, Seguí, bastardeando ella también la memoria de la Reforma Universitaria, se suma a la ignominia del avasallamiento de la autonomía universitaria, como mencionamos en el caso del vicerrector “Pepe” García; aunque en su caso, desde otra trinchera, según ella misma declara, eligió como  “padrino” político en sus aspiraciones rectorales para 2018 al mismísimo ex gobernador y actual senador por Tucumán José J. Alperovich. Cosas veredes Sancho, diría El Quijote.

Luis “Changui” Cáceres, un veterano dirigente radical santafesino, compañero de luchas –codo a codo con el “Chino” Robles”- en la recuperación democrática que protagonizó el alfonsinismo desde 1983, hizo también uso de encendidas y sentidas palabras testimoniales sosteniendo que “además de la definición de los principios rectores de la educación universitaria, el movimiento de 1918 fue la explosión de una juventud que reivindicó su derecho a pensar y a expresar su pensamiento en libertad. Esto es algo que los argentinos vamos a tener que recuperar si queremos impulsar al país hacia la concreción de nuestros sueños”. Y en ese testimonio suyo, el de toda su vida consagrada a la política, hizo una apología de esa “rebelión estudiantil”, diciendo que sólo los jóvenes tienen esa energía para encarnar los sueños que echó a volar la Reforma Universitaria del 18. Y uno de los puntos emblemáticos de la arenga a favor de recuperar las energías que hagan realidad los sueños de la Reforma Universitaria, se centró en el diagnóstico del mal profundo que significó la práctica de la “militancia rentada” durante el kirchnerismo, al aludir a esa deletérea antipolítica universitaria que creó universidades, básicamente en el gran Buenos Aires, y que sólo sirvieron de “cajas” recaudadoras para el enriquecimiento de esos pseudouniversitarios. Ahora bien, lo que no quedó claro en los dichos de Chagui Cáceres, es que esa práctica corrupta, que viene contaminando gravemente la vida universitaria, en Tucumán particularmente, fue protagonizada por los militantes de “Franja Morada” que ponían y sacaban rectores, y como militantes rentados se hacían millonarios a costa de la UNT. Al frente suyo, en ese acto para honrar la memoria de la Reforma Universitaria del 18, estaba el icónicamente corrupto José Hugo Saab, el secretario de Políticas Universitarias de la gestión Bardón, a quien se deben sumar Luis Sacca, ex mano derecha “saqueadora” de la UNT, ex diputado nacional por la UCR –robándose para eso, dicho sea de paso; la candidatura en las PASO, desplazando a dirigentes radicales honestos-, y  actualmente se encuentra procesado junto a Cerisola y otros por su “saqueos” a la universidad fundada por Juan B. Terán; situación análoga a Ramiro Moreno, un “perejil” enriquecido a quien se lo filmó comprando votos para la Asamblea Universitaria de 2010, que terminó eligiendo rector a Cerisola y vicerrectora a Bardón. Los Saab, los Sacca, los Moreno y todos los que de una bastardeada “Franja Morada” (en la cual sigue habiendo dirigentes probos y honestos) son los que vienen manchando la memoria de la Reforma Universitaria. Y no tenemos que dejar que ellos tengan la última palabra.

Para terminar con el espíritu en alto, preparándonos para conmemorar dignamente el centenario de la Reforma Universitaria de 1918 tenemos que hacer nuestras las arengas de Cáceres y Robles, y comprometernos a recuperar las banderas reformistas y producir una revolución en la que extirpemos estos dolores, recuperando aquellas libertades. Nada mejor para ello, quizá, que darle la palabra a Jorge Orgaz, un rector reformista de la Universidad Nacional de Córdoba, que también tuvo que lidiar en distintos momentos de la historia universitaria con las traiciones y corrupciones de las banderas de la reforma. Y uno de los puntos nodales es, precisamente, su alegato para combatir inclaudicablemente “por una universidad democrática y autónoma”, en el discurso pronunciado al abrir la sesión inaugural como presidente de la Convención Nacional Pro Universidad Democrática y Autónoma, en Rosario, los días 25 y 26 de 1947, con el peronismo encaramado en la suma del poder total, promulgando una legislación universitaria antireformista y antidemocrática. Estamos viendo, añadía, cómo por el mundo corre el huracán totalitario (de los fascismos, del comunismo y de otras versiones totalitarias y autocráticas). “Nuestra Universidad, decía, además de universidad, precisa ser argentina, y para serlo así, es indispensable que sea democrática y autónoma, que viva y trabaje para la democracia y en la democracia, que viva y trabaje para la libertad y en la libertad”.

Y un antecedente de la Reforma Universitaria, dice el reformista cordobés, son las luchas por una política cabalmente universitaria que se trenza en lucha con los enemigos de la universidad pública, que son “los liberticidas y antidemocráticos”, aquellos que “vendieron y compraron a la luz del día elecciones y electores”. El espíritu reformista es el que proclama, de un modo categórico e irrestricto, el imperio de “la libertad, la democracia y la justicia social”. Y, desde luego, ni la Universidad por sí, ni la Reforma, dice el reformista cordobés, pueden impedir o marginar el desarreglo estructural argentino (en 1947 o en el 2017)”. Pero lo que sí podemos hacer, decía entonces y vale para hoy, es rechazar las politiquerías y corrupciones, y comprometernos para conmemorar el año que viene (2018) un centenario digno de la Reforma Universitaria en que sigamos luchando por la “libertad, la democracia y la justicia social”; y enfrentarnos hoy, como ellos hace cien años o cincuenta años, con aquellos que conspiran en “la contra Reforma y en la anti-Democracia”. Hoy, como ayer, sigue siendo plenamente válido que el centenario de la Reforma Universitaria tiene que encontrarnos a los universitarios argentinos cerrando filas para hacer verdad que “el país (cuente con) una vergüenza menos y una libertad más, (ya que) los dolores que quedan son las libertades que faltan.”

Lalo Ruiz Pesce

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