Marcha por la Vida

VIDA BUENA – Trigo y Cizaña – Debate ético políticos para no ser estúpidos-
Epígrafe
Claroscuros de hoy y de siempre
“Es difícil corregir a los perversos,

y el número de estúpidos es infinito”

Eclesiastés, 1, 151
El tema del aborto, siempre lacerante y urgente, nos sale al paso una vez más, aquí y ahora, en el siglo XXI en Tucumán En los medios públicos y publicados se difunde, con fuerza, campañas a favor del aborto, a favor de dar la muerte al hijo por nacer. Una genetista tucumana, Daniela Montanari, que trabaja instituciones de Salud Pública (y privada) en el Hospital de Niños y en la Maternidad de Tucumán, en su formación, y en su práctica hospitalaria cotidiana, frente al aborto, viene luchando inclaudicablemente en defensa de la vida. Este artículo que presentamos aquí es el testimonio de sus palabras en la “Marcha por la Vida” que tuvo lugar en San Miguel de Tucumán el día 2 de julio del año 2015.
 
*Publicación original, 2 de julio de 2015
 
Marcha por la Vida
 
Muy buenas tardes a todos los presentes, tucumanos movilizados por una causa injusta y urgente.
Yo soy médica, médica genetista. Hace más de 20 años me dedico a acompañar embarazadas cuyos bebés vienen a la vida, por lo general, con un problema de salud importante desde el punto de vista de la salud física y mental y muchas veces irreversible.
Conozco y comparto profundas angustias y temores maternos que en muchas ocasiones ponen al límite de la decisión del aborto. Desde esta vivencia quiero dirigirles unas palabras.
Yo estoy aquí por el bebé por nacer, pero antes y principalmente estoy aquí por la mamá de ese bebé.
Los que elaboraron este protocolo, olvidando al bebé, creyeron haber pensado en la madre, pero no. También olvidaron a la madre, porque sepan que no hay daño al bebé sin daño previo, simultáneo y posterior a la madre.
Los motivos que pueden llevar a una mujer embarazada a tomar la decisión de abortar son en realidad previos al embarazo. Se originan en su historia de vida personal, complicada y difícil por factores afectivos, sociales, económicos, culturales, de carencias y violencias entramados en una compleja configuración que requiere tratamiento y solución específicos y concretos.
Las consecuencias del aborto acompañarán a la mujer por el resto de sus días, en lo bien conocido como “síndrome postaborto”.
Aparece entonces, la cuestión del aborto como nudo problemático, inserto a medio camino en la vida de una mujer, que nunca recibió, y si accede al aborto, nunca recibirá la ayuda que verdaderamente necesita.
El hijo y la madre, para toda la vida, pero sobre todo durante el embarazo, son las dos caras inseparables, de una única, irrepetible, frágil y valiosísima moneda que es la vida. La vida donada, y hecha realidad en tiempo y espacio.
Y quiero reiterarlo, no es posible dañar al hijo sin dañar a la madre. Interdependientes no sólo biológicamente, sino también desde el primer instante desde el punto de vista psíquico, emocional, existencial. A partir de este inicio, si se respeta la oportunidad natural, se tejerá una historia de vida común y potenciada que va del uno a la otra.
Quiero ahora abordar dos aspectos que tienen relación más directa con cuestiones médicas. El primero se refiere a lo conocido como “aborto químico o farmacológico”.
Este tipo de aborto es el más recomendado por la Organización Mundial de la Salud, por ser más económico, por ser ambulatorio y por acarrear “teóricamente” menos complicaciones. Corresponde al aborto provocado en primer trimestre de la gestación por la utilización indebida de medicamentos que ocasionan contracciones uterinas y vasoconstricción placentaria. Se trata de medicaciones accesibles al público en cualquier farmacia, que tienen efectos beneficiosos para la salud en otros aspectos e inclusive en tercer trimestre son útiles para inducir el trabajo de parto, pero en primer trimestre ocasionan el aborto. Los más conocidos y utilizados son la oxitocina y el misoprostol.
Sepan que estas sustancias por su efecto vasoconstrictor, cierran la irrigación placentaria y muchas veces, no logrando provocar la muerte del embrión, producen sin embargo el infarto de estructuras muy importantes del sistema nervioso y de otros órganos, ocasionando el nacimiento de bebés que tendrán un cuadro de discapacidad severa neurológico y extraneurológico, conocido como Síndrome de Möebius. Lo más triste de esta cuestión es que estos niños, deberían haber sido, según sus antecedentes hereditarios y genéticos niños completamente sanos.
Este flagelo del aborto farmacológico se expande progresivamente sobre todo entre las madres más jóvenes y más carenciadas que consideraron que tener un hijo sería demasiado complicado, y así paradójica y dramáticamente terminan teniendo un hijo discapacitado, lo cual será muy triste y mucho más complicado. Se trata de mujeres que no fueron debidamente asesoradas, a las que no se les dijo la totalidad de la verdad, que no supieron a tiempo la posibilidad de generar semejante daño al hijo.
Lamentablemente la ocurrencia de este síndrome se ha incrementado notablemente desde el 2011 a esta parte y probablemente continuará aumentando a menos que medie una decidida voluntad política y del ministerio de salud pública nacional y provincial al respecto, porque, además, sepan que existen grupos abortistas, que apoyando y promoviendo la implementación de este protocolo, panfletean libre e irresponsablemente recomendando y explicando paso a paso cómo hacerse una aborto farmacológico “sin salir de casa”. Panfletos que se distribuyen en la vía pública, que llegan a centros de salud, colegios secundarios, facultades públicas, dirigidos inclusive a niñas y adolescentes a partir de los 14 años de edad. Vean ustedes la enorme responsabilidad o mejor dicho irresponsabilidad que cabe a estos actores sociales respecto de la vida de bebés y madres en riesgo.
Y ¿quién se hace cargo de esto? ¿El Estado? ¿El sistema público de salud? ¿Quién? Los médicos que recibimos directamente y cuando ya es demasiado tarde, al niño con su sistema nervioso destruido innecesariamente y de por vida y a una madre pobre, adolescente, sin idea de lo que hizo…. Realmente es un daño enorme, irreversible e injusto.  Es un crimen y como tal una injusticia que clama al cielo.
Otra cuestión  médica insoslayable corresponde al “síndrome postaborto”. Esta entidad corresponde al conjunto de signos y síntomas que ocurren en el ámbito de la salud física y mental de la mujer que accede al aborto voluntario. Voy a focalizar sobre los efectos psicológicos, que son los que siempre se presentarán aun cuando no hubiera complicaciones de la salud orgánica.
En las mujeres que pasan por la experiencia del aborto, surgen a posteriori manifestaciones psicológicas, emocionales, a nivel consciente o inconsciente, que se manifiestan a veces inmediatamente o inclusive hasta muchos años después.
Antes habíamos mencionado la importancia del vínculo madre-hijo como vínculo primordial, esto significa que dicha unión está en el origen, que existe y funciona desde los primeros instantes de la vida del embrión por una cuestión biológica de orden neuroendócrino. A partir de esto podemos entender que será siempre mucho más fácil sacar a un hijo del vientre que de la mente y de la afectividad de la madre, aun cuando la madre crea que no lo quiere o que no le importa.
Entendemos también entonces la intensidad del aborto provocado como hecho de agresividad pero sobre todo autoagresivo porque consiste en la destrucción absoluta del vínculo más estrecho que puede existir entre dos seres humanos, es arrancar a la madre lo que más la humaniza, lo más valioso que tiene que es estar viva y tener la capacidad de dar y sostener a su hijo en la vida. Y es por esto que las consecuencias sí existen. El momento y la intensidad con que se manifieste el malestar dependerá de la personalidad y del contexto en que la mujer viva, pero es sólo una cuestión de tiempo, aparecerán.
Aún de modo inconsciente esa mujer tendrá que elaborar su duelo, pero será éste un duelo patológico, porque ¿cómo va a llorar al hijo que no se dio la oportunidad de conocer? Este duelo patológico se traduce en manifestaciones emocionales y psíquicas como depresión, ira, angustia, culpa, ataques de pánico, adicciones, alteración del biorritmo, dolores físicos. La mujer temerá a su propia agresividad, porque tienen la sensación de que la misma puede manifestarse de forma ilimitada y se pregunta a sí misma: ¿qué no podré hacer en mi contra si pude hacer esto? Y es así también que entre las secuelas del aborto provocado en la mujer también se describe un mayor índice de suicidios.
Otra manifestación casi constante es la del “síndrome del aniversario”. Normalmente en los embarazos con final feliz, digamos con niños nacidos, hacia los 9 meses de vida del bebé, la mamá experimenta una sensación de bienestar, de gozo, de exaltación afectiva hacia su niño. Y esto sucede porque la psiquis materna conserva una memoria de lo que fue el proceso de embarazo y es en este noveno mes de vida extrauterina de su hijo, como si hubiera concluido por segunda vez y con la certeza de que todo salió bien un segundo embarazo de este mismo niño. Es decir, esta madre  siente gozo y paz por haber “reasegurado” psíquica y afectivamente la vida y el bienestar de su hijo. También funciona la memoria para la madre que decidió acortar la vida de su bebé. Del mismo modo, pero en sentido opuesto, la mujer que aborta, vivenciará momento del año, fechas, circunstancias, personas relacionadas con el trauma sufrido, de manera intensa y dolorosa. No tolerará la presencia de niños de la edad que tendría su propio hijo, no tolerará la presencia de embarazadas, no soportará el llanto de un bebé, ni siquiera oír hablar de cuestiones de bebés. Y así esta mujer se va quedando es un aislamiento sufriente, que no se resuelve por sí mismo; que necesita ayuda profesional y lleva largos tiempos de elaboración.
Concluyendo quiero mencionar simplemente para que ustedes, tucumanos preocupados por cuidar y respetar la vida, lo sepan:
Los médicos y todos los trabajadores del equipo de salud, al momento de recibir nuestro diploma hacemos un juramento, es el “Juramento Hipocrático” cuyas dos últimas pero principales premisas dicen así:
·         “Tendré absoluto respeto por la vida humana”
·         “Aun bajo amenazas no admitiré utilizar mis conocimientos médicos contra las leyes naturales de la Humanidad”
·         Hago solemnemente estas promesas por mi honor.
Es un juramento para toda la vida, lo hacemos ante Dios y ante la Patria. Es claro, ¿verdad?
¿Creen que este protocolo pueda más que lo que les acabo de compartir? Yo creo que no, tengo más bien certeza de que este juramento tiene un valor moral y de verdad infinitamente superior al del protocolo y espero que ustedes compartan esta opinión; y se sumen a esta lucha a favor de la vida.
Me gustaría además que cada uno de ustedes se vaya de aquí tratando de reflexionar sobre si esta cuestión es una cuestión sólo de derechos o más bien y antes, es en realidad, una cuestión ética fundamental, que nos concierne y atañe con la responsabilidad infinita que le debemos al otro, vulnerable y expuesto a sufrir las consecuencias de lo que hagamos con él. Tenemos que optar, y hay solo dos opciones: consagrarnos a la defensa incondicional de la vida o sumarse a quienes militan a favor de dar la muerte al otro indefenso; el crimen de la muerte temprana e injusta.
Aun cuando pudieran decirme que es una cuestión de derechos, sepan que el único derecho fundamental y absoluto es el derecho a la vida. Significa que si no hay vida, obviamente no habrá ningún otro derecho; pues todos los derechos emanan de este derecho absoluto: el derecho a la vida.  Y la ética de la responsabilidad infinita para con el otro, vulnerable, indefenso y expuesto, sabe que los derechos son el resultado de un deber previamente cumplido. Y ¿qué deber es más urgente, esencial y necesario que el deber de salvaguardar incondicionalmente la vida? Y entonces ¿qué nos pasa ante esta violación flagrante del derecho a la vida, ante este genocidio silencioso, a un sector de nuestra sociedad le aparece como si fuera un derecho? Es como si se defendiera un derecho al filicidio; a matar al propio hijo.
Es claro, matar está mal. Matar nunca fue una solución. Matar y morir son las cuestiones más dramáticas a las que la Humanidad se enfrenta desde que existe. Matar al hermano, matar al indefenso. Asesinar al hijo es un crimen; y no se puede abogar a favor de él diciendo que esa vida la llevo en mi vientre y sobre él decido yo.
A la mujer no se la ayuda con el aborto, se la ayuda educándola, dándole una fuente de trabajo, protegiéndola, sosteniéndola en su dignidad de persona, de mujer, de madre. Por eso es lo que está en riesgo con el aborto: el atropello y el avasallamiento de la dignidad de dos personas, dos seres humanos cabales: la madre y el hijo por nacer.
Si a esa mujer creo ayudarla por colaborar matando su hijo lo que en realidad le estoy transmitiendo a un nivel profundamente existencial es que su vida vale muy poco, y la de su hijo por supuesto nada y ya dijimos la vida es el don más precioso que recibimos. Y a ese don hay que aceptarlo, agradecerlo y protegerlo. Gracias por su atención.
Daniela Montanari

Médica Genetista

Master en Epidemiología, Gestión y Políticas de Salud

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