¡Ay, mi Tucumán querido! (2)

*Publicación original: Diario El tucumano – 21 de Mayo de 2017          

   Los perversos son difíciles de corregir; y el número de los estúpidos es infinito (1)

¡Ay, mi Tucumán querido!

-Los políticos tucumanos como bandas de ladrones- 

En la primera parte de este artículo se establecía un paralelo analógico entre la Ciudad de Diosde san Agustín y el libro #Tucumanazo 2015 de los periodistas tucumanos Benito, Sánchez y Stanich; en ambos casos se cumpliría la sentencia del obispo de Hipona que decía que en un estado en el que no hay justicia se está ante un gobierno de una (o varias) bandas de ladrones, vengan de los eventuales oficialismos o de las eventuales oposiciones. Allí, sosteníamos, la estructura viciosa de la política mostraría que a la injusticia (y la concomitante inequidad), se le suman la impunidad y la corrupción. Por el contrario, un estado de derecho bien constituido, debe estar presidido por la tríada virtuosa del imperio de la ley, el servicio de la justicia y el accionar cívico conforme a la ética política, social y económica.

No hace falta ser muy perspicaces ni aportar demasiadas pruebas para saber que la Argentina, en general, y Tucumán, en particular, hace décadas, por no decir desde hace dos centurias, viene arrastrando esa estructura viciosa, injusta, corrupta e impune, que nos viene convirtiendo en una república, una democracia y una provincia fallidas, “inviables” o de baja intensidad y calidad, como se dice. Lo cual se evidenció patentemente en las elecciones tucumanas del 23 de agosto de 2015. Esas “elecciones que torcieron el rumbo político del país” constituyeron el bochorno, la farsa y el fraude electoral, condensado en un “salvajismo electoral”, de tirios y troyanos, de bárbaros y romanos o de salvajes oficialistas y, parejamente, salvajes opositores tucumanos.

Y uno de los puntos álgidos de ese sistema fueron las “relaciones carnales entre el poder ejecutivo y el poder judicial”, como afirman los periodistas tucumanos. Mencionemos algunos casos puntuales: En el Tucumán de 2015, se nos dice, los tucumanos habíamos perdido el asombro y, con él, la capacidad de repudio; en tal sentido los autores citan a Simone de Beauvoir: “lo más escandaloso que tiene el escándalo es que uno se acostumbra”; y es que “la provincia tucumana parece a veces una caricatura de la Argentina de los límites institucionales rotos”. Y allí se encuentra, quizá, la madre del borrego: en la falta de institucionalidad o, peor, en el atropello a las instituciones; esa es al menos la tesis elogiada y globalizada de dos investigadores y docentes norteamericanos en su libro “Por qué fracasan los países” (2)

Este colapso de la república democrática argentina, en general, y tucumana en particular, está estrechamente ligado a este avasallamiento sistemático a las instituciones jurídicas, políticas y económicas. En la investigación periodística de “#Tucumanazo 2015”  se desnuda que una de las principales causas de ello fueron (y siguen siendo) “las relaciones carnales entre la justicia y el poder político (que) tendieron a naturalizarse en la provincia durante la década alperovichista”; y en esta “politización de la Justicia local”, como dijimos, un papel protagónico lo jugó el personaje responsable de los manejos poco claros que sometieron a la justicia tucumana al ejecutivo local, Edmundo “Pirincho” Jiménez, histórico Ministro de Gobierno y Justicia del alperovichismo, que devino jefe de los fiscales y de los defensores oficiales en funciones; y desde entonces “cruje la división de poderes”.

Pero Jiménez actuó también en banda o, al menos, con la complicidad de otros; dos ejemplos de esos “límites institucionales rotos” y de las “relaciones carnales” entre el poder judicial y el ejecutivo son “el nombramiento discrecional en el Poder Ejecutivo de Facundo Posse, hijo del vocal de la Corte afecto a las tertulias domésticas en la residencia de Alperovich”, y un antecedente de esos contubernios fue “la carrera política meteórica y fugaz de Oscar Bercovich, primogénito de la vocal Claudia Sbdar, quien durante el tercer mandato de Alperovich había pasado en pocos meses de ser su secretario privado a desempeñarse como directivo de la televisión oficial (Canal 10, a su vez “colonizado” y usurpado de su legítima propietaria, la UNT por parte del alperovichismo).

Ahora bien, el tembladeral que sumió al proceso electoral en el salvajismo farsesco que desencadenó el “Tucumanazo 2015”, se produjo el 16 de septiembre de ese año. Fue una “coincidencia perfecta” entre un terremoto con epicentro en Chile, 8.4 escala de Richter, que repercutió fuerte en Tucumán, y, simultáneamente, dos jueces locales “de la vieja guardia”, Salvador Ruiz y Ebe López Piossek, quienes declararon la nulidad de las elecciones que acababa de ganar el oficialismo. El sacudón del sismo físico y del judicial, dicen los periodistas, dejó a Tucumán en estado de shock.

En esa trama profundamente corrupta de la justicia y de la política se encuentran jueces, fiscales, abogados, entre otros; que operaban para el “oficialismo” o para la “oposición”; todos en el mismo lodo manoseados y embarrados; manoseando y embarrando. Jorge Gassenbauer, mano derecha de Alperovich, vociferaba buscando apagar el incendio o aplacar el sismo, diciendo: “¡conseguilo a Renecito!”, el superministro de Gobierno, Justicia y Seguridad se refería, muy probablemente, al abogado René Goane (h), el primogénito del vocal decano homónimo de la Corte Suprema de Justicia de Tucumán, considerado interlocutor –otra forma de decir nexo u operador- de uno de los jueces más intratables de los Tribunales provinciales.

Resulta que René Goane (padre) es una pieza clave en esta corrupción y colapso de la justicia tucumana. Este, el número dos de la Suprema Corte, supo confraternizar y ser amigo del mentado Salvador Ruiz, al día siguiente del sismo telúrico y judicial (por la sentencia de Ruiz y López Piossek), se rumorea que vociferó: “¡Voy a tener que arreglar el quilombo que armó Ruiz!

”¿Cómo estaba servida la justicia del lado de los “opositores”? A 11.000 kilómetros de la plaza Independencia, donde se seguían sintiendo los sismos jurídicos y políticos, Roberto Toledo y Arnaldo Ahumada, abogados patrocinantes del Acuerdo para el Bicentenario (o sea: para Cano, Amaya y Alfaro). Eran miembros festivos de una comitiva que paseaba por la “ruta del whiskey” en Escocia. Se enteraron de la sentencia que invalidaba los comicios tucumanos la noche que va del 16 a la madrugada del 17 de septiembre. Toledo y Ahumada festejaron y brindaron. Otros acompañantes de esos festejos de turismo etílico eran entonces Nicanor Rodríguez del Busto –célebre por sus conexiones comerciales con los patrones del juego de azar y con el oficialismo-, hermano del secretario electoral federal Rogelio Rodríguez del Busto y esposo de Belén Japaze, relatora de Gandur, así como Roberto Toledo es padre de Pablo Toledo, otro de los relatores del titular de la Corte y de la Junta (Gandur). Otro acompañante de esta “escapada etílica” escocesa era otro camarista, Carlos Giovanniello, y, como cereza del postre de la justicia corrupta tucumana, también era de la partida Antonio Estofán, el primero de los tres vocales de la Corte Suprema tucumana nombrado por Alperovich, un paladar negro del alperovichismo. Cuando uno se asoma a esta trama de contubernios y connivencias en la corrupción de la justicia, se pregunta, con razón y desconsuelo, dónde está la lista demarcatoria entre políticos, jueces o fiscales “oficialistas” u “opositores”; y sabe la respuesta: en ningún lado; son más de lo mismo.

Volvamos de nuevo a Goane en este embrollo de la invalidación de los comicios del 2015; el oficialismo (Alperovich, Manzur, Gassenbauer y cía.) estaba nervioso porque sabía que era el único de los cinco jueces que podía convalidar (o sumarse para invalidar) la sentencia de Ruiz –su viejo compadre- y López Piossek. Finalmente Goane terminó avalando las elecciones, pero su voto –compartido en gran medida por Ibáñez- es el que más “cuida” a la Sala I. Y algunos renglones que llevan su firma dejan el sabor elogioso de la condena al clientelismo advertido el 23 de agosto que sentenciaban Ruiz y López Piossek. La pregunta de Benito, Sánchez y Stanich aquí es ¿cómo pudo Goane repudiar las dádivas y, a la vez, validar los comicios?

Una conjetura que ofrecen los periodistas tucumanos que investigan el hecho es que intervino para conjurar el voto potencialmente adverso del decano de la corte, un Ricardo Falú agonizante (murió el 21 de diciembre de 2015). Falú había actuado como defensor de Goane cuando en 2008 el alperovichismo trató de destituirlo. Falú había exteriorizado su apoyo al líder de la oposición, el radical José Cano, pero, agonizante como estaba, tenía motivos para operar a favor del oficialismo; murió “sabiendo que su hijo y heredero en el mundo del poder, el abogado penalista Alfredo Falú, quedaba bajo el ala protectora de Sisto Terán”(3)

Confirmando a cada paso la tesis agustiniana de que la falta de justicia en un reino, en una república o en una provincia equivale a ser gobernado por una banda (o bandas) de ladrones, se puede seguir esta trama corrupta de la justicia desde Tucumán (en la justicia federal en este caso) por uno de los varios personajes siniestros que intervienen en estos y otros desaguisados “judiciales”: estamos refiriéndonos al emblemáticamente corrupto juez Daniel Bejas, juez federal con competencia electoral que tuvo que ver con la anomia, la corrupción y la impunidad que constituyen el triángulo vicioso que corrompe la república, la democracia y la justicia.

En los procesos electorales uno de los focos de corrupción está en el clientelismo; este “nació, creció y se desarrolló a la sombra de la impunidad”, dicen los periodistas tucumanos. Una excepción, que parecía confirmar esa regla, en ese sentido es la pesquisa que llevó adelante el fiscal federal Carlos Brito contra el dirigente alperovichista Javier Morof. Éste arengaba una semana antes de la primera vuelta de la elección nacional de 2015, diciendo: “recorramos los barrios como lo venimos recorriendo, intensifiquemos el trabajo. Que el día 25 (de octubre) no quede ningún vecino sin llevar a votar, ni un amigo sin llevar a votar, ni un pariente, ni una persona que lo haya ayudado el gobernador (Alperovich) en estos últimos años. Si Tucumán es agradecido, no tengo dudas de que va a barrer el domingo”. Pero Daniel Bejas, el juez que debía entender en esa causa sentenció que la acreditación de las manifestaciones de Morof a partir de piezas periodísticas no implicaba prueba suficiente para procesar al acusado y, por ello, dictó la falta de mérito en lo que podría haber sido el primer caso de persecución del clientelismo en Tucumán.

¿Quién es Daniel Bejas? Un ex abogado particular de Alperovich y ex apoderado del Partido Justicialista, y, oh casualidad, es el mismo juez que sobreseyó a Manzur en una causa por supuesto enriquecimiento ilícito; el mismo juez que se negó a citar a indagatoria a César Milani en la causa Ledo (por delitos de lesa humanidad), cuando aquel todavía era jefe del Ejército del kirchnerismo; el mismo que viene entorpeciendo o dictando faltas de méritos en las denuncias y juicios que se llevan a cabo en contra de las autoridades de la UNT y la minera La Alumbrera por los presuntos delitos de saqueo, contaminación, presunto enriquecimiento ilícito, a lo que se suma en el caso de las autoridades de la UNT  por incumplimiento de deberes de funcionarios públicos…  y un largo y ominoso etcétera. Para informarse de la carrera de este injusto juez basta con releer las páginas que dedican a este juez Benito, Sánchez y Stanich en el libro “A su salud”, publicado en 2015 sobre quien fuera “el ministro más rico de la era kirchnerista”. Es que este juez, tampoco es casualidad, “milita” para esa “justicia” de la “era K” y de los simpatizantes o participantes de “justicia legítima”; pero antes que nada milita “pro domo sua”, para su enriquecimiento personal.

Para finalizar esta exposición; ante el panorama catastrófico que dejan instaurados los bárbaros de Alarico para el siglo V d.C. o las bandas de ladrones para el cambalache del Tucumán del siglo XXI, uno podría dejarse ganar por el desconsuelo y la desesperación. Con eso cuentan los tiranos, los dictadores, los ladrones y los variopintos criminales de todas las épocas y de todas las latitudes. Aceptar fatalistamente que las cosas son así; que nunca cambian (para bien), es ya haber entrado en la batalla como perdedores; perdiendo la vida, los bienes, la decencia y la dignidad. La única respuesta que hubo, hay y habrá siempre es apostar por una revolución de la ternura, de la compasión, de la fraternidad y de la misericordia, como viene predicando con gestos, no con meras palabras, el papa Francisco.

La historia está siempre abierta. Siempre da segundas oportunidades. Todos y cada uno nosotros, estemos donde estemos y vivamos la hora que vivamos, tenemos la libertad de elegir entre la ternura y la crueldad, entre la compasión o la indiferencia ante el otro necesitado, entre la fraternidad y el fratricidio (reeditando a Caín y Abel); entre la misericordia y la inmisericordia. Al fin y al cabo, nuestra elección más personal y definitiva es siempre la elección entre amar y no amar; o, mejor dicho, en qué tipo de amor a sí mismo (amor sui) elegimos encarnar. Porque, dice el mismo san Agustín en su Ciudad de Dios, dos amores fundaron dos ciudades, el amor a sí mismo malo es amarse a sí mismo hasta el desprecio de Dios, él funda la ciudad terrena y temporal (o la civitas diaboli); y el amor a sí mismo bueno, es amar a Dios hasta el desprecio de sí mismo, que funda la ciudad de Dios (civitas Dei). Y el fin último, esperanzador y definitivo de la ciudad de Dios; es la paz eterna y la felicidad eterna.

Lalo Ruiz Pesce

1 Daron Acemoglu y James A. Robinson; Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza. Por qué fracasan los países; Ariel, Bs.As., 2013. Se ha dicho de esta tesis que “el desarrollo de las instituciones” es la clave para que una sociedad abierta, contando con un auténtico Estado de derecho, pueda ser más próspera y más justa. Y los países podrán evitar fracasar si “tienen un sistema político plural y abierto, con competencia entre los candidatos para ocupar cargos políticos y un amplio electorado con capacidad de apostar por nuevos líderes políticos”.
2 Algun día, ojalá, se escribirá un libro sobre este personaje que nació a la política en el liberaliso de la UCD de Alvaro Alsogaray, y “transmutó” o “transfugeuó” (a lo Borocotó) desde allí al “peronismo” de Palito Ortega, luego “heredado” como vicegobernador del peronista Miranda; de éste al zar de las borocotizaciones Alperovich, y hoy, luego de perder la elección como intendente de yerba Buena, asienta sus turbios reales en las huestes de Manzur. Y en cada estadio de sus metamorfosis políticas es cada vez más millonario; “inexplicablemente”.

1 Eclesiastés, 1, 15 -versión de los setenta-

2 Daron Acemoglu y James A. Robinson; Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza. Por qué fracasan los países; Ariel, Bs.As., 2013. Se ha dicho de esta tesis que “el desarrollo de las instituciones” es la clave para que una sociedad abierta, contando con un auténtico Estado de derecho, pueda ser más próspera y más justa. Y los países podrán evitar fracasar si “tienen un sistema político plural y abierto, con competencia entre los candidatos para ocupar cargos políticos y un amplio electorado con capacidad de apostar por nuevos líderes políticos”.

3 Algun día, ojalá, se escribirá un libro sobre este personaje que nació a la política en el liberaliso de la UCD de Alvaro Alsogaray, y “transmutó” o “transfugeuó” (a lo Borocotó) desde allí al “peronismo” de Palito Ortega, luego “heredado” como vicegobernador del peronista Miranda; de éste al zar de las borocotizaciones Alperovich, y hoy, luego de perder la elección como intendente de yerba Buena, asienta sus turbios reales en las huestes de Manzur. Y en cada estadio de sus metamorfosis políticas es cada vez más millonario; “inexplicablemente”. 

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