Menem-Duhalde, Yabrán-Cavallo, River-Boca, Amor-Odio

-«Los perversos son difíciles de corregir, y el número de los estúpidos es infinito»-

*Publicación original: Siglo XXI -31 de Mayo 1998

Menem-Duhalde, Yabrán-Cavallo, River-Boca, Amor-Odio 
El amor no mata ni se mata, sólo se dispone a morir para vivir de cara al Amor
“Alguna vez el hombre dijo que sacarle una foto era como pegarle un tiro en la cabeza. Un chiste del destino: el fotógrafo que disparó la cámara para mostrarlo se apellidaba Cabezas. Después, a Cabezas, le tiraron en la cabeza. Entonces al hombre lo acusaron de ser el cabeza de todo. Desde el tráfico de drogas hasta el tráfico de armas, desde la compra y venta de policías hasta sus contactos secretos con el gobierno, con todo le tiraron. Mafia, se dijo. El hombre aclaró que era inocente, que era la víctima de un complot. Supo decir que poder e impunidad eran lo mismo, pero que él no tenía nada que ver. Dueño de un imperio, mandamás  absoluto de un ejército privado, siguió negando. Ahora, al levantar la (escopeta de caza)  12.70, al ponérsela en la boca y, ensayar un movimiento, en silencio sigue queriendo negar. /… Nadie me regaló nada, piensa. Me hice de abajo, piensa. Cuando tire del gatillo, piensa, van a barajarse toda clase de hipótesis. Que mi poder fue tanto que me di, el lujo de comprar otra muerte para fingir la mía. Que me voltearon porque sabía demasiado. Que me liquidé porque me había quebrado. De acuerdo, quieren mi cara, mi cabeza. No las van a tener. Ahora los autos ya están en la estancia. Hay pasos y voces que se adentran en el casco… el hombre se vino a la estancia. A morir la vergüenza no demasiado lejos del lugar que nació. /Abra -le gritan del otro lado de la puerta. /El hombre tira del gatillo./ Casi treinta y cinco perdigones le desfiguran la cara, le revientan la cabeza”.
Toda semejanza de este relato con la realidad del homicidio de Cabezas y con el suicidio de Yabrán, se supondrá, no es pura casualidad. Pero es sí, la versión ficcionalizada debida a la pluma de Guillermo Saccomano, devoto del género policial (Página 12, domingo 24 de mayo  de 1998). El sábado 16 de mayo el mismo diario, en tapa, estampaba la declaración, de la ex mujer de Prellezo: “Yabrán ordenó matar a Cabezas porque le molestaban las fotos”. Allí, Raúl Kollman firmaba un artículo que tituló “Otro round de la madre de todas las batallas”. La batalla  “de fondo”, se sabe, es la pelea, entre Menem y Duhalde; de semifondo, Yabrán y Cavallo; de ahí en más, otros escarceos menores. Los combates se libran en tomo al asesinato de  Cabezas, convertido “en la arena de la pelea política nacional”. Y desde ahí, prolongando el amor-odio del enfrentamiento de Boca y River, se inscriben las estrategias ofensivas y defensivas de los contendientes. La declaración de Silvia Belawsky golpeó duro a Yabrán y, por elevación, a Menem. Prellezo estaba listo para declarar a favor “del bando de Yabrán, la Casa Rosada y (el juez) Bemasconi”, diciendo que el asesinato de Cabezas “fue una interna de la Policía Bonaerense -la de Duhalde- y en el asesinato el cartero no tuvo nada que ver”. Pero, ¿por qué Menem y Yabrán querían que el “caso Cabezas” pasara del juez Macchí al juez Bernasconi? ¿No fue Bernasconi el juez “de Duhalde” que puso preso a Cóppola, un habitué, de Olivos? Se sospechó entonces que eso era una jugada de Duhalde contra Menem, dice Ernesto Tenembaum-. Cóppola echa luz sobre estas cuestiones; le piden que opine sobre la decisión del Senado de no suspender al Juez Bemasconi. Estalla en carcajadas y dice: “Hay uno que era de Boca y se pasó a River, ¿no?”. La metáfora es clara, Menem y Duhalde saben cómo se manejan, los jueces, dice Tenembaum. Desde la Casa Rosada no creen que la declaración de Belawsky sea fruto de una casualidad. Para los de “River” (Menem, Yabrán y Bernasconi) Belawsky y Macchi son de “Boca”, como lo son Duhalde y Cavallo. Ya ni el espanto nos une; odios motorizan nuestras historias. Y el odio es simple: asesina o se suicida, no hay otra. El amor es más complejo: ni mata, ni se mata: sólo puede disponerse a morir para Vivir. La diferencia no la marca el color de una camiseta, sino el amor: el amor a Dios, el amor al otro, el amor a sí mismo.
-Amar o Matar al Otro y Amarse o Matarse a Sí Mismo es Amar o Matar a Dios-
Cada hombre con nombre y apellido ha sido creado "a imagen de Dios”, enseña la Biblia. Por su interioridad y atravesando la historia de cada hombre está esa imagen divina que no es borrable por nada, los más aberrantes crímenes y pecados no pueden suprimir esa imago Dei que nos hace ser quienes somos. Ni quitar la vida a otro ni quitarse la vida uno mismo puede eliminar esa intimidad de vida y amor que Dios crea y conserva en cada hijo suyo; y lo somos todos, tanto el sabio como el necio, el místico como el homicida, el santo como el suicida. En cada rostro de hombre, en el rostro de todo hombre, se expresa el Rostro de Dios.
El relato de Saccomano no es el único que habló sobre el asesinato de Cabezas y del suicidio de Yabrán enlazándolos con la palabra cabeza, con el nombre Cabezas; olvidando lo esencial, el rostro, el rostro de Cabezas y el rostro de Yabrán. La Nación publicó también el domingo pasado un artículo que, a mi juicio, cometía el mismo desliz que aquel. Orlando Barone decía allí. "El misterioso e inquietante gesto del suicidio rara vez suele acompañar en la Argentina a individuos expuestos a la condena moral… (pocas veces esto sucede) la sociedad hasta se sintió sorprendida de cómo alguien poderoso u opulento, empujado a subirse al cadalso público desnudo y lleno de culpa, podía soportar el escarnio relajado como en un sauna”. Es raro, dice, ver aquí a poderosos que se suiciden “por remordimiento o, por salvar el honor de su familia… El arma usada por Yabrán, dirigida hacia la boca le hizo estallar la cabeza… como si fuera ella -la cabeza- el símbolo de sus pesares y su condena. Cualquier asociación incita al simbolismo. Cabezas es el nombre del muerto cuyo fantasma lo acosó hasta el final. Y también fue la foto donde se mostró su cabeza y reveló su identidad la que empezó a demolerlo". ¿Por  qué la sociedad argentina sigue extendiendo un manto de sospechas sobre la muerte de Yabrán? Aparentemente Yabrán se suicidó. Pero los argentinos no somos tontos, somos muy vivos y desconfiados, y sabemos muy bien que las apariencias engañan. ¿Cómo un hombre tan poderoso se va a matar así? Un poderoso impune no tiene ni vergüenza, ni culpa, ni honor. Otro escritor de policiales, pluma buena y aguda, Juan Sasturain, evoca una “frase maravillosa y sabia”: “Sólo los necios creen que las apariencias engañan". Probablemente, dice, las  apariencias no engañen y Yabrán se mató y lo que acaban de enterrar es su cuerpo. 
Pero, digo, una sociedad como la nuestra, que empeña su ser por la apariencia, por la imagen -con i minúscula-, no es capaz de reconocer que "en la tarde de la vida sólo cuenta el amor" que anima nuestro vivir. No hay "operación de prensa" que valga ante el Juicio Final. Para el cara a cara con Dios sólo cuenta cómo cuidamos la Imagen con I mayúscula- que Dios al crearnos nos encomendó. Para vivir como Dios manda no tenemos que cuidar tanto nuestra apariencia, sino hacemos responsables de nuestros rostros; hacernos responsables infinitamente del rostro de cada prójimo que nos sale al cruce, enseña el filósofo judío Emmanuel Levinas

En el rostro de cada hombre se expresa el Rostro de Dios. Para enfrentarnos en el “cara a cara” con Dios no cuentan nuestras apariencias, sólo cuenta nuestro rostro; esa Imagen de Dios que imprime en nuestro ser más íntimo Su Amor y Su Vida. (1)

Menem-Duhalde, Yabrán-Cavallo, River-Boca, Amor-Odio/ El amor no mata ni se mata, sólo se dispone a morir para vivir de cara al Amorca 

“Alguna vez el hombre dijo que sacarle una foto era como pegarle un tiro en la cabeza. Un chiste del destino: el fotógrafo que disparó la cámara para mostrarlo se apellidaba Cabezas. Después, a Cabezas, le tiraron en la cabeza. Entonces al hombre lo acusaron de ser el cabeza de todo. Desde el tráfico de drogas hasta el tráfico de armas, desde la compra y venta de policías hasta sus contactos secretos con el gobierno, con todo le tiraron. Mafia, se dijo. El hombre aclaró que era inocente, que era la víctima de un complot. Supo decir que poder e impunidad eran lo mismo, pero que él no tenía nada que ver. Dueño de un imperio, mandamás  absoluto de un ejército privado, siguió negando. Ahora, al levantar la (escopeta de caza)  12.70, al ponérsela en la boca y, ensayar un movimiento, en silencio sigue queriendo negar. /… Nadie me regaló nada, piensa. Me hice de abajo, piensa. Cuando tire del gatillo, piensa, van a barajarse toda clase de hipótesis. Que mi poder fue tanto que me di, el lujo de comprar otra muerte para fingir la mía. Que me voltearon porque sabía demasiado. Que me liquidé porque me había quebrado. De acuerdo, quieren mi cara, mi cabeza. No las van a tener. Ahora los autos ya están en la estancia. Hay pasos y voces que se adentran en el casco… el hombre se vino a la estancia. A morir la vergüenza no demasiado lejos del lugar que nació. /Abra -le gritan del otro lado de la puerta. /El hombre tira del gatillo./ Casi treinta y cinco perdigones le desfiguran la cara, le revientan la cabeza”.

Toda semejanza de este relato con la realidad del homicidio de Cabezas y con el suicidio de Yabrán, se supondrá, no es pura casualidad. Pero es sí, la versión ficcionalizada debida a la pluma de Guillermo Saccomano, devoto del género policial (Página 12, domingo 24 de mayo  de 1998). El sábado 16 de mayo el mismo diario, en tapa, estampaba la declaración, de la ex mujer de Prellezo: “Yabrán ordenó matar a Cabezas porque le molestaban las fotos”. Allí, Raúl Kollman firmaba un artículo que tituló “Otro round de la madre de todas las batallas”. La batalla  “de fondo”, se sabe, es la pelea, entre Menem y Duhalde; de semifondo, Yabrán y Cavallo; de ahí en más, otros escarceos menores. Los combates se libran en tomo al asesinato de  Cabezas, convertido “en la arena de la pelea política nacional”. Y desde ahí, prolongando el amor-odio del enfrentamiento de Boca y River, se inscriben las estrategias ofensivas y defensivas de los contendientes. La declaración de Silvia Belawsky golpeó duro a Yabrán y, por elevación, a Menem. Prellezo estaba listo para declarar a favor “del bando de Yabrán, la Casa Rosada y (el juez) Bemasconi”, diciendo que el asesinato de Cabezas “fue una interna de la Policía Bonaerense -la de Duhalde- y en el asesinato el cartero no tuvo nada que ver”. Pero, ¿por qué Menem y Yabrán querían que el “caso Cabezas” pasara del juez Macchí al juez Bernasconi? ¿No fue Bernasconi el juez “de Duhalde” que puso preso a Cóppola, un habitué, de Olivos? Se sospechó entonces que eso era una jugada de Duhalde contra Menem, dice Ernesto Tenembaum-. Cóppola echa luz sobre estas cuestiones; le piden que opine sobre la decisión del Senado de no suspender al Juez Bemasconi. Estalla en carcajadas y dice: “Hay uno que era de Boca y se pasó a River, ¿no?”. La metáfora es clara, Menem y Duhalde saben cómo se manejan, los jueces, dice Tenembaum. Desde la Casa Rosada no creen que la declaración de Belawsky sea fruto de una casualidad. Para los de “River” (Menem, Yabrán y Bernasconi) Belawsky y Macchi son de “Boca”, como lo son Duhalde y Cavallo. Ya ni el espanto nos une; odios motorizan nuestras historias. Y el odio es simple: asesina o se suicida, no hay otra. El amor es más complejo: ni mata, ni se mata: sólo puede disponerse a morir para Vivir. La diferencia no la marca el color de una camiseta, sino el amor: el amor a Dios, el amor al otro, el amor a sí mismo.

-Amar o Matar al Otro y Amarse o Matarse a Sí Mismo es Amar o Matar a Dios-

Cada hombre con nombre y apellido ha sido creado «a imagen de Dios”, enseña la Biblia. Por su interioridad y atravesando la historia de cada hombre está esa imagen divina que no es borrable por nada, los más aberrantes crímenes y pecados no pueden suprimir esa imago Dei que nos hace ser quienes somos. Ni quitar la vida a otro ni quitarse la vida uno mismo puede eliminar esa intimidad de vida y amor que Dios crea y conserva en cada hijo suyo; y lo somos todos, tanto el sabio como el necio, el místico como el homicida, el santo como el suicida. En cada rostro de hombre, en el rostro de todo hombre, se expresa el Rostro de Dios.

El relato de Saccomano no es el único que habló sobre el asesinato de Cabezas y del suicidio de Yabrán enlazándolos con la palabra cabeza, con el nombre Cabezas; olvidando lo esencial, el rostro, el rostro de Cabezas y el rostro de Yabrán. La Nación publicó también el domingo pasado un artículo que, a mi juicio, cometía el mismo desliz que aquel. Orlando Barone decía allí «El misterioso e inquietante gesto del suicidio rara vez suele acompañar en la Argentina a individuos expuestos a la condena moral… (pocas veces esto sucede) la sociedad hasta se sintió sorprendida de cómo alguien poderoso u opulento, empujado a subirse al cadalso público desnudo y lleno de culpa, podía soportar el escarnio relajado como en un sauna”. Es raro, dice, ver aquí a poderosos que se suiciden “por remordimiento o, por salvar el honor de su familia… El arma usada por Yabrán, dirigida hacia la boca le hizo estallar la cabeza… como si fuera ella -la cabeza- el símbolo de sus pesares y su condena. Cualquier asociación incita al simbolismo. Cabezas es el nombre del muerto cuyo fantasma lo acosó hasta el final. Y también fue la foto donde se mostró su cabeza y reveló su identidad la que empezó a demolerlo». ¿Por  qué la sociedad argentina sigue extendiendo un manto de sospechas sobre la muerte de Yabrán? Aparentemente Yabrán se suicidó. Pero los argentinos no somos tontos, somos muy vivos y desconfiados, y sabemos muy bien que las apariencias engañan. ¿Cómo un hombre tan poderoso se va a matar así? Un poderoso impune no tiene ni vergüenza, ni culpa, ni honor. Otro escritor de policiales, pluma buena y aguda, Juan Sasturain, evoca una “frase maravillosa y sabia”: “Sólo los necios creen que las apariencias engañan. Probablemente, dice, las  apariencias no engañen y Yabrán se mató y lo que acaban de enterrar es su cuerpo.

Pero, digo, una sociedad como la nuestra, que empeña su ser por la apariencia, por la imagen -con i minúscula-, no es capaz de reconocer que «en la tarde de la vida sólo cuenta el amor» que anima nuestro vivir. No hay «operación de prensa» que valga ante el Juicio Final. Para el cara a cara con Dios sólo cuenta cómo cuidamos la Imagen con I mayúscula- que Dios al crearnos nos encomendó. Para vivir como Dios manda no tenemos que cuidar tanto nuestra apariencia, sino hacemos responsables de nuestros rostros; hacernos responsables infinitamente del rostro de cada prójimo que nos sale al cruce, enseña el filósofo judío Emmanuel Levinas. 

1. (Eclesiastés 1, 15 versión de los setenta).

Lalo Ruiz Pesce

Artículos Relacionados

Política argentina: ¿Qué carajo está pasando?

Un segundo batacazo en este inusual año de elecciones y sus inminente consecuencias nos da para pensar qué carajo está pasando en el plano político nacional. Cómo explicamos el arrebato electoral de Milei en las PASO, cómo explicamos la remontada de Massa y cómo se puede comprender la humillante derrota y debacle de Juntos por el Cambio. 

“Siento una inmensa felicidad”: Pablo Macchiarola, nuevo intendente de Yerba Buena

El flamante jefe municipal prestó juramento ante el gobernador de la Provincia, el contador Osvaldo Jaldo.

Yerba Buena figura entre las ciudades más hospitalarias de Argentina

Se trata de un estudio del reconocido sitio turístico Booking.

Últimas Noticias