La comunidad de Yerba Buena exige que las autoridades estén a la altura de su dolor

Como un presagio de la tragedia, el viernes 11 de noviembre amaneció gris y lluvioso. Gustavo Guerrero, un nene de apenas cinco años, iba camino a la escuela en el transporte escolar que conducía Martín Cancino. Fue el primero en subir a la combi para empezar el recorrido que tenía previsto llegar hasta la escuela Reconquista.
Pero la fatalidad se cruzó en el camino y la vida de la familia Guerrero cambió para siempre. Fuertes ráfagas de viento arrancaron de raíz un eucalipto de gran porte que se encontraba en el perimetro de la vivienda ubicada en avenida Solano Vera al 1000. El árbol se desplomó sobre el vehículo que en ese momento estaba estacionado. El impacto fue tan fuerte que terminó con la vida de Gustavo y dejó herido al conductor. Un motociclista ocasional recibió algunos golpes de las ramas. El silencio se adueñó de la cuadra.
Cancino fue trasladado de urgencia al Hospital Padilla con politraumatismos. Jorge Herrero, el motociclista, fue derivado al Centro Asistencial Ramón Carrillo por golpes y una fugaz pérdida de conocimiento. El pequeño Gustavo fue rescatado por la Policía y personal de Defensa Civil, pero ya no había nada por hacer. Los vecinos de la zona intentaban comprender cómo una vida que recién empezaba podría truncarse de una manera tan absurda.
En la avenida Solano Vera y en las redes sociales reinaba la perplejidad y el dolor. El intendente Mariano Campero habló sobre lo ocurrido por radio. Pidió no endilgar responsabilidades en momentos tan díficiles para una familia de la comunidad. Sostuvo que en Yerba Buena hay más de 300 árboles en situación compleja y que se realizan 20 podas semanales para prevenir accidentes.
Pero el de Gustavo, de apenas cinco años, no se pudo evitar.
Entre los vecinos algunos veían venir la tragedia: el eucalipto era enorme, tenía muchos años y se vislumbraba que adentro estaba hueco. Sólo era cuestión de que llueva un poco más de lo normal para que ocurriera una desgracia. En las calles se escuchó que hay denuncias sobre el árbol que datan de 2008. Otras, de 2010. Pero que no hubo respuestas por parte del municipio. También, que se intentó sacar el árbol pero que el dueño de la propiedad quiso conservarlo por tratarse de un ejemplar centenario. Un vecino de la cuadra dijo que hoy no quiso salir de su casa. Que sintió mucha tristeza. Que no tiene palabras. Y que prefiere terminar la conversación.
Los padres de Gustavo aun están en shock. «¿Cómo hago yo para seguir ahora?», repetía el papá mientras su esposa era trasladada al Carillo, donde recibe atención psicológica para atravesar este duro trance.
El dolor de la familia Guerrero es el dolor de toda la comunidad de Yerba Buena que espera que la dirigencia esté a la altura de las circunstancias: que trabaje, que actúe, que prevenga y planifique. El pedido se extiende al poder Ejecutivo y también al Legislativo, que no sesiona desde hace semanas por mezquindades políticas de toda índole.
La vida no espera a las soluciones que no llegan.
La tragedia de hoy fue un duro recordatorio para nuestros representantes. 

Como un presagio de la tragedia, el viernes 11 de noviembre amaneció gris y lluvioso. Gustavo Guerrero, un nene de apenas cinco años, iba camino a la escuela en el transporte escolar que conducía Martín Cancino. Fue el primero en subir a la combi para empezar el recorrido que tenía previsto llegar hasta la escuela Reconquista.

Pero la fatalidad se cruzó en el camino y la vida de la familia Guerrero cambió para siempre. Fuertes ráfagas de viento arrancaron de raíz un eucalipto de gran porte que se encontraba en el perimetro de una vivienda ubicada en avenida Solano Vera al 1000. El árbol se desplomó sobre el vehículo que en ese momento estaba estacionado. El impacto fue tan fuerte que terminó con la vida de Gustavo y dejó con múltiples heridas al conductor. Casi al mismo tiempo, un motociclista ocasional chocó contra las ramas que se desprendieron de repente. El silencio se adueñó del lugar.

Cancino fue trasladado de urgencia al Hospital Padilla con politraumatismos. Jorge Herrero, el motociclista, fue derivado al Centro Asistencial Ramón Carrillo por golpes y una fugaz pérdida de conocimiento. El pequeño Gustavo fue socorrido por la Policía y personal de Defensa Civil, pero ya no había nada por hacer. Frente a la escena, los vecinos de la zona intentaban comprender cómo una vida que recién empezaba podía truncarse de una manera tan absurda.

En la avenida Solano Vera y en las redes sociales reinaba la perplejidad y el dolor. El intendente Mariano Campero habló sobre lo ocurrido por radio. Pidió no endilgar responsabilidades en momentos tan díficiles para una familia de la comunidad. Sostuvo que en Yerba Buena hay más de 300 árboles en situación compleja y que se realizan 20 podas semanales para prevenir accidentes.

Pero el Estado estuvo ausente para Gustavo.

Entre los vecinos algunos veían venir la tragedia: el eucalipto era enorme, tenía muchos años y se vislumbraba que adentro estaba hueco. Sólo era cuestión de que llueva un poco más de lo normal para que ocurriera una desgracia.

Algunos vecinos aseguraron que hay denuncias sobre el árbol que datan de 2008. Otras, de 2010. Pero que en ninguna de las dos oportunidades hubo respuestas por parte del municipio. Otros dijeron que sí se intentó sacar el árbol pero que el dueño de la propiedad quiso conservarlo por tratarse de un ejemplar centenario. Juan Carlos, que vive en la zona del accidente, dijo que hoy no quiso salir de su casa. Que sintió mucha tristeza. Que no tiene palabras. Y que prefiere terminar la conversación.

Los padres de Gustavo aun están en shock. «¿Cómo hago yo para seguir ahora?», repetía el papá mientras su esposa era trasladada al Carillo, donde recibe atención psicológica para atravesar este duro trance.

El dolor de la familia Guerrero es hoy el de toda la comunidad de Yerba Buena que sabe que el mismo accidente le podría haber pasado a cualquiera. Por eso, ahora espera que la dirigencia esté a la altura de las circunstancias: que trabaje, que actúe, que prevenga y planifique para que una tragedia así no suceda nunca más. 

El pedido se extiende al Poder Ejecutivo, y también al Legislativo que, en el caso de Yerba Buena, no sesiona desde hace meses por mezquindades políticas de toda índole.

El jueves, sin ir más lejos, los vecinos de Diagonal Norte cortaron la misma avenida, la Solano Vera, para que algún edil los reciba y escuche sus problemáticas. Llevaron murgas, jugaron a la pelota, cantaron y gritaron para defender al predio de «El Sapito». Había chicos de todas las edades, algunos como Gustavo, que exigían una respuesta.

Son los tiempos del Estado y de la burocracia. También los de la política. Pero hay veces que la vida no espera. La tragedia del viernes fue un duro recordatorio de esa realidad para quienes nos representan.  

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