Rosa Argiró, la curandera de Yerba Buena

No existen clases sociales, ni edad, ni sexo a la hora de habalar de la ojeadura, el empacho y la paletilla.
Esto lo sabe muy bien Rosa Argiró, que a sus 73 años no duda en antender a quien se haga presente en la puerta de su sencillo hogar/consultoria que ella tiene a dos cuadras y media de la la avenida Solano Vera, en Yerba Buena.
Doña Nena aprendió este oficio de servir al projimo a los 14 años, cuando su abuela se los transmitió y que en un primer momento solo usaba para curar a su familia. Sin embargo, a los 16 recibió el desesperado pedido una amiga de sus mamá que llevó a su hija muy grave. «Yo le dije que no la podía curar porque estaba grave, pero mi mamá me pidió que hiciera el intento. Gracias a Dios, se salvó”
Hoy, Doña Nena dejó de la lado la disponibilidad de 24 hs, ya que a su edad y tras perder un nieto, sus energías no son las de antes. «La ojeadura es el mal que más vigente se encuentra; es el que demanda más pedidos de ayuda en su casa. Llegan adultos, niños, bebés. Presentan llanto inexplicable, dolor de cabeza, sueño alterado, vómitos y diarrea», explica Rosa que asegura haber visto a milies de paciencias que solicitan su ayuda. 

No existen clases sociales, ni edad, ni sexo a la hora de hablar de la ojeadura, el empacho y la paletilla.

Esto lo sabe muy bien Rosa Argiró, que a sus 73 años no duda en antender a quien se haga presente en la puerta de su sencillo hogar/consultoria que ella tiene a dos cuadras y media de la la avenida Solano Vera, en Yerba Buena.

Doña Nena aprendió este oficio de servir al projimo a los 14 años, cuando su abuela se los transmitió y que en un primer momento solo usaba para curar a su familia. Sin embargo, a los 16 recibió el desesperado pedido una amiga de sus mamá que llevó a su hija muy grave. «Yo le dije que no la podía curar porque estaba grave, pero mi mamá me pidió que hiciera el intento. Gracias a Dios, se salvó”, explicó Argiró.

Hoy, Doña Nena dejó de la lado la disponibilidad de 24 hs, ya que a su edad y tras perder un nieto, sus energías no son las de antes. «La ojeadura es el mal que más vigente se encuentra; es el que demanda más pedidos de ayuda en su casa. Llegan adultos, niños, bebés. Presentan llanto inexplicable, dolor de cabeza, sueño alterado, vómitos y diarrea», explica Rosa que asegura haber visto a milies de paciencias que solicitan su ayuda. 


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