«Los Papachos», música callejera para alegrar el corazón

Son cuatro jóvenes que cargan instrumentos y salen a la calle colmados de actitud para contagiar a la gente con su música y divertirla hasta darle ganas de bailar. Se hacen llamar ‘Los papachos‘.

Forman la banda Ricardo Herrera (Tuty) en voz principal, maracas y kongas; Nelson Herrera en guitarra y coros; Dario Nieva (El Peluca) en dirección, bajo y percusiones; y Carlos Herrera (El Guazón) en bongo, campanas e irrupciones de improvisación y rapeo.

Este mes se encuentran recorriendo Yerba Buena; por eso que quisimos que conozcas su historia.

¿Cuándo comenzaron con la música?

«Individualmente comenzamos hace mucho y conformamos ‘Los Papachos’ hace 6 meses tocando en la calle, bares, peatonales y plazas. Hace 2 meses empezamos a viajar», dice «Guazón» mientras sus compañeros alistan los instrumentos para alegrar la charla.

 ¿Qué fue lo que los unió y los inspiró a formar Papachos?

 «Económicamente teníamos que encontrar un salida, encontrar la forma de equilibrar nuestros estudios con una actividad que no nos tome una gran cantidad de horas. Entre el grupo probamos hacer muchas cosas, pero encontramos en la música la salida perfecta, en las calles un medio ideal y en nuestra canciones un mensaje. Probamos que no tan sólo podíamos hacer bailar a la gente, nos encontramos con la grata sorpresa que a cientos de personas les agradaba la banda porque sonábamos bien y estábamos organizados en una peatonal y pasábamos la gorra, eso sirvió como ejemplo para varios compañeros músicos viajeros, al ver que una plaza la gente se amontonaba al vernos”, agregó con mucho sentimiento Ricardo, con esa actitud inigualable de primera voz.

¿Cuál consideran que fue su mayor reconocimiento por ser artistas callejeros?

«Que los chicos que hacen de su trabajo la calle, se cuestionaban, se preguntaban y les llamaba la atención nuestra forma de ganar dinero y se preguntaban, si ellos podrían utilizar y aprender nuestras mismas herramientas para mejorar y ganar dinero. Por otro lado para que su trabajo sea recompensado no tan sólo con dinero sino con el reconocimiento de su trabajo”, aseguró  Darío.

 ¿Qué lugares recorrieron?

Ya súper enfiestados y con el sonido de fondo de la canción «Tranquila», responden alegremente, mientras recordaban esos caminos que hoy los hacen sonreír: «La música nos llevó a conocer lugares que nadie habla, pueblos y ciudades que tienen mucha vida pero no son reconocidos, tanto de Tucumán como las provincias limítrofes, y el país de Bolivia, también las capitales y sus centros turísticos. Nuestro último viaje nos llevó por una gran parte del interior tucumano, como Concepción, Graneros, Famailla, Lules, Tafi Viejo;  recorrimos  todos los bares populares. Como si fuera poco siguió sumando: Trancas, Tafi del Valle, El Mollar, Aimacha. Luego fuimos a Salta, conocimos toda la parte turística, Güemes, pasamos  a Jujuy capital, Perico, Pumamarca, Tilcara, Humahuaca, la Quiaca. Luego estuvimos un mes tocando en los pueblos del sur Bolvia. Villason, Tarija, Sucre, Tupiza, Villa Montes, Camargo Uyuni, hasta llegar a Potosí. Hoy queremos copar a la gente de Yerba Buena para que conozcan nuestro arte y se animen a disfrutarlo con nosotros», explicó Nelson súper enérgico, como si no pudiera terminar de contar.

¿Hay algún recuerdo que digan «de esto no nos olvidamos más»?

 «En realidad son dos cosas, que nos marcaron: primero en Villazon, un pueblo donde está la aduana, en el límite de Argentina y Bolivia. Es un lugar donde los viajeros no se quedan por mucho tiempo y parten muy rápidamente. Al pasar de país a país el cambio de la moneda nos desfavoreció económicamente y tuvimos que quedarnos un día de imprevisto. Nuestra idea de llegar a Bolivia era partir de inmediato a otro pueblo mas turístico por miedo y desconocimiento a cómo nos iba a tratar la gente de la zona. Tuvimos la grata sorpresa a animarnos a tocar en plaza y darnos con que la gente era bellamente amigable. Una de la señoras que tenía un puesto de comidas, al no tener dinero a mano, se desesperó, porque sentía una necesidad urgente de brindarnos esa colaboración al pasar nuestra gorra. Primero nos dio pochoclos salados, luego unas tartaletas picantes, después unas magdalenas saladas y, para finalizar, una coca de tres litros. ¡Fue sorpréndete! Luego, en esa misma plaza, había pequeñines que vendían helados en pequeños carritos, se amontonaban para vernos y, cuando terminábamos de tocar, ellos sonaban sus chicharas o bocinas, como aplausos. Al final cargaban sus cucharas para darnos el helado más rico», recuerdan.

 ¿Por qué eligen la zona de Yerba Buena para compartir su música?

«En yerba encontramos un gran variedad de lugares donde nuestra música puede ser escuchada: heladerías, bares, pubs; donde la gente se junta a comer en su momentos libres. Encontramos una gran predisposición a escucharnos y brindarnos su colaboración, no tan sólo en lo económico, sino en el apoyo a seguir haciendo esto, música, y esa irrupción tan particular que le sorprende a la gente de Yerba Buena.

¿Piensan que pueden llegar a encontrar su lugar en Yerba Buena?

«En Yerba Buena ensayamos. Tenemos una casa de uno de los integrantes, Ricardo Herrera, que vive en el barrio telefónico. Ensayamos para tocar en eventos más grandes, no dejando de lado nuestro punto fuerte que es la música callejera.  En la ciudad encontramos a los amigos que nos apoyan cada vez que nos ven tocar, en esta ciudad vemos a las familias que piden nuestra música, la música que les gusta tanto a las personas grandes como a sus jóvenes. Descubrimos la diversidad de clases sociales, el buen trato, la prosperidad, las fiestas y la alegría».

 ¿Recién comienzan a recorrer la zona?

«Como banda callejera comenzamos a recorrer Yerba Buena hace 5 meses, y como banda para tocar en eventos hace un mes».

 ¿Cuál es su sueño como ‘Papachos’?

«Como músicos callejeros, de barrio, vemos una situación complicada para los pibes, y vemos en nuestra música un mensaje. Vemos que como herramienta pueda ayudar, que si le mostramos qué vemos en calle, que con la música pueden ganar el dinero de forma más digna, sin desmerecer los que ya hacen día a día ─que es admirable─, pueden transformar su situación en algo más positivo. Queremos lograr enseñarles a esos chicos un camino, que es largo y muy duro de transitar, pero es prospero al final», concluyen, muy emocionados, al ritmo de la música mientras hacen bailar a los presentes.

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